viernes, 28 de junio de 2019

OTOÑO, LA NIÑA MÁS TRISTE DEl BOSQUE Y SU AMIGO EL ÁRBOL QUE NO TENÍA HOJAS

Había una vez, una pequeña niña llamada Otoño. Ella vivía en una granja con sus padres y su pequeño hermano. En la granja tenía gallinas, pollitos, perros, gatos, vacas, ovejas, caballos, burros, etc. Se sentía un poco sola porque no iba al colegio y por eso no tenía amigos al igual que su hermano. Además cuando llegaba el Otoño, se sentía muy triste, ¿ Sabéis por qué?. Muy bién porque en esta estación a los árboles se les caé las hojas, comienza ha hacer frío, nos tenemos que poner ropa de abrigo, etc. 
Pues Otoño, la niña, nunca sonreía siempre estába seria y hablaba poco con sus padres icluyendo a su hermano.
Un día les comentó a sus padres:
             - Voy a ir con Boby, mi perro al bosque. Así saldré un poco de aquí.
              - Esta bien, pero si quieres puedes llevar a tu hermano Alex contigo. El no te molestará 
               mucho. Eso sí agarralo de la mano, y sabes que le gusta mucho correr.
              - Es que pensaba ir yo sola, si voy con él no avanzaré mucho. Pero si no queda más remedio 
              lo llevaré.
Otoño y Alex se abrigaron bién para salir a dar una vuelta por el bosque. Alex iba todo contento y le dijo a sus padres que obedecería en todo a su hermana.
Así lo hizo, le dió la mano y no se la soltó por nada del mundo. Iba también Boby su perro fiel, que corría tanto que ellos tenían que seguirlo. Cuando llegaron al bosque vieron que los árboles estában tristes sin sus hojas, las hojas estában en el suelo. Su hermano empezó a pisar las hojas y ha hacer ruido con ellas, luego cogió algunas de la mano y se las daba a ella.  
De repente el niño se paró enfrente de un árbol y éste le comenzó ha hablar. Él se extraño mucho de que de repente un árbol pudiese hablar.
          -Hola, ¿ Cómo te llamas?.
          - Hola, mi nombre es Alex y ella es mi hermana Otoño. Mira este árbol me esta hablando.
La niña se quedó mirandole a su hermano como diciéndole: " Los árboles no hablan".
Pero era verdad, ella se dirijió hasta él y le preguntó:
           - Hola, soy Otoño ¿ Por qué estás así de triste?. Todos tus amigos también están así.
           - Pequeña, estamos así porque se nos han caido las hojas y tenemos mucho frío. Si alguien nos 
           ayudase a volver a ponernos las hojas estaríamos muy agradecidos.
           - Entre mi hermano y yo os las pondremos.
            - Somos muchos y vosotros sois sólo dos, no podréis. Necesitaríais más manos. 
De pronto, a lo lejos oyeron las risas de unos niños que venían a pasar el día. Eran de un colegio y venían cantando. Cuando llegaron hasta donde estában los dos hermanos, ellos les dijeron:
            - Hola, ¿ Nos podréis ayudar a abrigar a estos árboles?.
             - ¿ Qué dices?. ¿ Con qué vamos abrigarles?.
            - Ellos están tristes porque no tienen hojas. Vamos a ponerselas otra vez. ¿ Nos ayudais?. Es 
             que entre mi hermano y yo no podemos.
           - Esta bien, venga chicos vamos a abrigar a estos árboles para que no pasen frio.
Así lo hicieron, comenzaron a ponerles otra vez las hojas y ellos se ponían muy contentos. Una vez que estában ya todos los árboles con las hojas puestas, miraron a los niños  y se lo agradecieron, pero especialmente a Alex y a Otoño que eran los dos que más empeño habían puesto para que los árboles no pasasen frío. 
El enorme árbol que habló a los crios, les decía que en él siempre tendrían un amigo y que fuesen cuando quisiesen a verle. Los niños del colegio junto a los dos hermanos, formaron un corro, con el árbol en medio y todos juntos cantaron la Canción del Otoño:
El Otoño ya llegó,
Con su gorro y su bufanda,
Y Va diciendo a las hojas,
Que del árbol ya caigan
Y las hojas, bailan, que te bailan( bis)
Y el suelo besarás.
Al finalizar la cánción todos los crios se fueron cada uno a su lugar y los árboles se despidieron cantando la misma canción que habían cantado los pequeños. Por fín, estaban otra vez contentos.
        
  
         

domingo, 28 de abril de 2019

NATALIA Y COCO, SU AMIGO EL UNICORNIO

Erase una vez, una linda niña llamada Natalia. A ella le encantaban los unicornios. En su habitación tenía posters de ellos y también juguetes. Su madre no estaba muy de acuerdo que tuviese tantas cosas de esos ponis como los llamaba. Pero ella no quería deshacerse de sus cosas y le comentaba a su madre:
- Mamá, ¿ Sabes lo que me gustaría?. Tener un Unicornio en el Jardín.
- A ver, hija los unicornios no existen. Solo estan en los cuentos.
- Si existen y algún día te lo demostrare.
La madre no le hizo mucho caso y esa misma noche a la hora de la cena cuando todos estaban en la mesa, la pequeña siguió insistiendo en lo mismo.
Al finalizar la cena, se dirijieron cada uno de ellos a sus respectivas habitaciones. Cuando todos estaban dormidos, sucedió algo en la habitacion de la cria. La ventana de su cuarto se abrió, ella se despertó sobresaltada miró hacia allí y vio a un lindo Unicornio de diferentes colores. Su nombre era Coco, estaba un poco asustado porque iba detrás de sus amigos y sin más se perdió. Entonces vio la casa de la niña y se fue hacia ella.
Natalia saludó a su nuevo amigo:
- Hola, Unicornio!. Mi nombre es Natalia y tú ¿ Cómo te llamas?.
- Hoooola!. Mi nombre es Coco y me he perdido. Iba detrás de mis amigos que son como yo y de repente me estrelle con ese cristal.
- No es un cristal, Coco. Es una ventana. Bueno, de momento puedes quedarte aquí en mi casa. Anda, pero si tienes alas. ¿ Sabes volar?.
- Si, Claro que sé. No todos los unicornios saben volar. Somos muy pocos los que tenemos estas alas. Algunos van por tierra andando y nosotros por el aire.
- Puedes meterte en el armario si quieres dormir. Toma una manta para taparte. Ahora tenemos que descansar, pues yo mañana por la mañana, tengo que ir al colegio.
- ¿ Qué es un colegio?.
- Es un centro donde hay una profesora que te enseña a leer, a escribir, etc. A mi lo que no me gusta es que nos ponen muchos deberes. Pero me lo paso bien con los demás niños. Tengo un montón de amigos y amigas. Por cierto, tu seras uno de ellos.
- Me dejarás ir algún dia a tu cole?. Quiero aprender muchas cosas.
- No puedes, yo te enseñare. Verás como aprendes de rápido.
Los dos se quedaron profundamente dormidos. A la mañana siguiente, su mamá se fue a la habitación para levantarla, pero ella ya estaba vestida, con la cama echa y en ese mismo instante bajaba a desayunar.
- Buenos días a los dos!. ¿ Habéis dormido bien?.
- Si, hija. ¿ Cómo te has levantado y te has preparado tan rápida?.
- Pues para que tu no me fueses a llamar. A partir de ahora, me levantaré pronto, me duchare y vestire y por último hare la cama. Así no lo haras tú. Por cierto, anoche vino por la ventana un Unicornio.
- Ya empezamos con la misma historia de ayer. Te dije y te sigo diciendo que los Unicornios no existen.
- Sí existen, su nombre es Coco y tiene los colores del arcoiris. Me gustaría enseñaroslo.
Ella subió hacia la habitación para buscar a su nuevo amigo. Allí estaba, revolviendo las cosas de la cria.
- Vamos a bajar, mis padres quieren conocerte. No seas vergonzoso.
Bajaron los dos y se fueron a la cocina. Al verlo, los padres se quedaron muy sorprendidos y con la boca abierta. Comentaron entre ellos que ya que a la pequeña le hacia tanta ilusión, se quedarían con él. Así fue como Coco comenzó una nueva vida en esa Casa. Natalia estaba encantada y lo llevaba de vez en cuando a su colegio. Sus padres por fín creyeron en los unicornios y dijeron que nunca más dudarían de la palabra de su pequeña.

martes, 23 de abril de 2019

BLANQUITO, EL CONEJO QUE VA EN BUSCA DE SUS QUERIDOS AMIGOS

Habia una vez, un pequeño conejo, llamado Blanquito. El pobre estaba preocupado porque no encontraba a sus grandes amigos. Caminaba por el bosque todo triste y miró hacia el cielo, vio al sol. Le preguntó:
- Hola Señor Sol!. ¿ Has visto por aquí a mis compañeros?.
- No, Blanquito. No he visto pasar a nadie lo siento.
-Esta bien, no pasa nada. Voy a seguir buscandolos. Hasta pronto.
Siguió su camino y de pronto escuchó una voz que venía desde el suelo:
- Oye, Señor conejo tenga cuidado que me va a pisar.
- ¿ Quién me habla?. Anda pero si eres una encantadora tortuga. ¿ Tú los has visto?.
- No, lo siento no los he visto. Me tengo que ir. Adios.
- Vale, hasta luego. Vaya, ¿ Dónde se habrán metido?.
Caminó, caminó y caminó. Se chocó con un enorme perro que le dijo:
- Apartate, sucio conejo no ves que tengo prisa.
- Perdón, señor perro. Es que mis compañeros han desaparecido y no los encuentro. Usted tampoco los habrá visto ¿Verdad?.
- No, dejeme pasar ya.
Al final, Blanquito se cansó de buscarlos y regresó a casa. Nada más abrir la puerta todos le comentaron:
- ¡ Sorpresa!. ¿ Cómo has tardado tanto?
- Os estuve buscando. Pensé que os habíais olvidado de mi cumple.
- ¿ Cómo nos íbamos a olvidar de que hoy era tu día?. Aquí estabamos preparandote la fiesta.
Él se puso muy contento, por los buenos y encantadores amigos que tenía. Era la mejor fiesta de cumpleaños que tenía. Nunca nadie se había preocupado por él. La fiesta duró hasta que anochecio. Luego cada uno de ellos se despidió de Blanquito. Después él se quedó sólo y lo pasó mal. Pero se acostó y pensó que tenía unos grandes amigos y que nunca estaría mal con ellos.


lunes, 1 de abril de 2019

PRIMAVERA, LA NIÑA MÁS BELLA

Erase una vez, una niña que era muy bella, pero que muy bella llamada Primavera. Ella vivía junto a sus padres y su hermana pequeña en un chalet muy grande, donde tenían toda clase de columpios, piscina, una casita de plástico, que era  para la pequeña y en ella se metían las dos. Se contaban cuentos dentros, jugaban a que eran camareras. Las dos se lo pasaban muy bien.
Un día sus padres les comentaron que tendrían que empezar a ir al nuevo colegio. Ellas se quedaron mirándoles y sobre todo la mayor les dijo:
- Mamá, ¿ Por qué tenemos que ir a ese colegio nuevo?. No conocemos a nadie. Además se reirán de mi nombre.
- Hija, no digas eso, como se van a reir de tu nombre. Si tienes el nombre de una estación del año. Es la epoca en la cuál los campos están en flor, los pájaros cantan, se oyen los gritos de alegria de los niños, etc.
- Ya lo sé, pero cuando he ido a otros colegios siempre ha pasado lo mismo, se reían y se burlaban de mí.
Ese mismo día fueron a visitar el colegio nuevo. Las dos hermanas estaban muy nerviosas y se agarraban de la mano. Al entrar se dirijieron a ver al director junto a sus padres. Iban muy calladas y no querían hablar con ellos, estában un poco molestas. Sus progenitores las miraban tiernamente y las animaban.
- Venga chicas, no pongáis esas caras, este es uno de los mejores colegios que hay. Veréis como os lo pasaréis bien y seguramente que enseguida os relacionaréis con otros niños.
- Mamá, papá, nosotras no queremos ir a este colegio. Yo quiero ir a nuestro antiguo colegio. Ya tenía a mis amigas y aquí no voy a estar bién. Se reirán de mí y del nombre tan feo que tengo.
- No digas bobadas, el nombre de Primavera es precioso y tu eres una niña muy guapa. Ya verás como todos querrán hablarte y salir contigo.
Al finalizar de hablar con el director, les llevó a las niñas a sus respectivas clases. Cuando llegaron a la clase de su hermana pequeña, entró sin despedirse. Al menos ella se quedó contenta.
Una vez que dejaron a la pequeña, le acompañaron a su clase. Ella iba temblando e iba detrás de sus padres, mirando hacia el suelo y sin alzar la vista.
Al llegar a su clase, el Director entró y le comentó a la profesora que saliese porque quería presentarle a una alumna nueva. Se presentaron mutuamente y ella como era muy dulce la cogió del hombro y la condujo a la clase. Se metió dentro y le propuso que se presentara ella misma. Pero nuestra protagonista no quería decir su nombre, pues sabía que se reirían de ella. Al final, despues de tanto insistir.
- Mi nombre es Primavera, sé que os parecerá raro. Pero es el nombre de una de las estaciones que a mí más me gusta. Porque los campos están llenos de flores, los pájaros cantan, se oyen las risas de los niños. Todo en esta estación es maravillosos.
Los niños se reían de su nombre y de lo que comentaba:
- Que graciosa, jajajajaja. Tu te llamas así?.
- Sí así es, a mi madre le gusta como me llamo. Porque es uno de los nombres de las estaciones del año. Además en Primavera los campos están en flor, cantan los pajaros y se oyen las risas de los niños. A mí me gusta mi nombre y no lo cambiaría por ningún otro.
La niña estaba un poco enfadada porque se estában riendo de ella, por eso tuvo que decirles eso. Hicieron una pausa para salir al recreo y cuando salieron, se fué a sentar en unas escaleras que había en el patio. Se sentía sola, pero de pronto se acercó otra compañera suya y le preguntó:
- Hola, mi nombre es Rosa. ¿ Me puedo sentar aquí o prefieres estar sóla?.
- Claro que puedes sentarte. No me gusta estar así. En el anterior colegio tenía muchos amigos y aquí ya el primer día ya se han reido de mí.
- No Te preocupes, también se rieron del mío. Pero yo no les hice mucho caso, algunos son insoportables. Pero te irás adaptando poco a poco. Además si quieres en mí ya tienes una amiga y nos podemos sentar juntas en clase.
La cria se puso toda contenta, porque por primera vez ya tenía una nueva amiga. Cuando llegó la hora de que finalizase la clase. Tanto Rosa como Primavera, salieron juntas y se dirijieron cada una a sus respectivas casas.
En cuanto Primavera llegó a su casa les contó a sus padres lo bien que le había ido y ellos estaban encantados por la buena noticia que les había dado. Ya que a su hermana pequeña no le había ido tan bién. Ella al ver a su hermana así de triste, le comentó:
- No estés así de triste, mañana será otro día y seguro que habrá alguna niña que se junte a tí. Como me ha pasado hoy a mí, yo tambien estaba un poco aislada en el recreo, pero Rosa se acercó a mí y nos presentamos y nos hicimos amigas. Descansa ya verás como mañana será otro día.
Al día siguiente volvieron las dos hermanas al colegio y efectivamente la pequeña empezó ha hablar con otra niña llamada Violeta. Ella pensaba que su hermana tenía razón que hay que darle tiempo al tiempo y no desesperarse porque el primer día no tengas amigos. Porque el hacer amigos siempre cuesta un poco, pero siempre llegan y después están ahí para lo bueno y lo malo. Pendientes de lo que te pase, alegrándose por tí de si haces algo bién, etc.
                         MORALEJA:
                         Nunca tenemos que dejar de lado a las personas que vienen de otros sitio. Siempre hay que ayudarlas y si tienen un nombre raro como el de nuestra protagonista, o si viste mal,  no tenemos que reirnos. Porque cada uno somos como somos y tenemos distintos nombres o vestimos de diferentes maneras. Siempre tenemos que hacer el bién, ayudarlas a que se sientan comodas y animarlas en todo. Diciéndolas que en vosotros tienen un amigo para lo que sea.


martes, 19 de marzo de 2019

CRISTINA, LA PRINCESA QUE DESEABA IR HACIA LA LUNA

Había una vez, una pequeña princesa llamada Cristina. Vivía junto a sus padres y hermanos en un enorme castillo. Su hermano mayor siempre la protegía para que no la pasase nada, él la quería mucho y jugaba con ella, la enseñaba muchas cosas de la naturaleza, las estrellas, etc. Sin embargo el pequeño siempre  estaba tirandole de los pelos, del vestido, la molestaba mucho y claro ella chillaba. Cada vez que sus padres oían ese chillido la decían:
- Cristina, deja de molestar a tu hermano, que sabes que es más pequeño.
- Pero mamá, si yo no le estoy haciendo nada. Es él que me está molestando. Siempre me estáis riñendo a mí.
Esa misma noche al finalizar la  cena y cuando todos se habían ido a sus habitaciónes. A ella como no le venía el sueño, se levantó y se fué hacia el jardín. Miró hacia el cielo, era una noche preciosa llena de estrellas y con una luna llena blanca y brillante. La princesa la miraba con mucha alegría y con mucho entusiasmo. Hablaba con la luna diciéndola:
- Hola Luna, me gustaría mucho ir hacia donde estás tú y poder abrazarte.
La luna que la había escuchado le comentó:
- Hola Pequeña Cristina, estás muy lejos. Tu vives en la tierra y yo en el cielo. No nos podemos acercar. Pero tu no te preocupes que todas las noches velaré por tí. Es más si mañana por la noche vuelves a salir al jardín, aquí estaré esperandote. No te pongas así de triste, mañana volveremos a vernos.
La niña se despidió de su amiga y se metió a su casa. Se dirrigió hacia su habitación, se metió a la camay quedó placidamente dormida.
A la mañana siguiente cuando se levantó les comentó a sus padres y hermanos que esa misma noche había hablado con la Luna. Ellos se reían y le decían:
- Hija, como vas ha hablar con la luna?. Si está en lo alto del cielo y no dice nada. No te inventes cosas raras, seguro que has soñado con ella.
- Os estoy diciendo la verdad. A mí me gustaría subir hacia donde está ella. Ayer me dijo que ella y yo seríamos buenas amigas.
Sus padres no la hacían mucho caso y ella seguía insistiéndoles con lo mismo.
Esa misma noche la pequeña Princesa volvió a salir y vió que su amiga estába un poco triste.
- ¿ Qué te pasa amiga?. ¿ Por qué estás así de triste?. ¿ Es por mi culpa?.
- No pequeña, es porque tus padres no te han creido. No creen que yo hablo de verdad.
- No se lo tomes en cuenta, tarde o temprano me creerán. Ahora lo que necesito es una sonrisa tuya, por favor.
Cuando ella estaba afuera hablando con la Luna, su madre se dirigió hacia la habitación de Cristina para darle un beso de buenas noches. Al entrar vió que no estaba en su cama, miró por la ventana y ahí estaba ella mirando hacia el cielo y entretenida con su compañera. Bajó hacia donde estaba su pequeña.
- Mira mamá, ella es la Luna es mi amiga y espero que ahora que la has visto y la has oido hablar me creas.
- Hija, perdona que no te hayamos creido. Tienes toda la razón, ahora veo que no estabas soñando y que ella siempre ha estado ahí contigo en todo momento. Despidete  y dale las buenas noches.
Cristina como era una niña tan educada y obediente hizo lo que le mandó su madre.
Antes de meterse a la casa, miró hacia el cielo, pero la enorme y brillante luna ya no estaba.
Se había escondido. De todas formas la cria le dió las Buenas Noches y le dió las gracias por tener su amistad. Le prometió que pronto, pero que muy pronto volverían a estar juntas.
Como veis Cristina no consiguíó ir hacia la Luna, pero al menos tuvo su amistad y consiguió que sus padres la creyesen. Hay veces que cuando decimos una cosa a nuestros padres no lo creen, se creen que nos lo estamos inventando o que les estamos tomando el pelo, o nos dicen como a nuestra protagonista que lo hemos soñado . Pero al final ellos nos piden perdón diciéndonos que teníamos razón en todo.


miércoles, 2 de enero de 2019

LA NAVIDAD MÁS ALEGRE PARA LOS PADRES DE ENMA Y DAVID

Había llegado la Navidad y todos estában radiantes de felicidad, los niños estában esperando a Papá Noél y a los Reyes Magos para que les trajesen lo que habían pedido. Menos una familia, que estába un poco triste porque no tenían dinero para comprar alimentos, ni para cogerles ropa. No sabían como iban alimentar a sus hijos Enma y David. Los pobres, lloraban noche y día y pensaban de donde podrían sacar el dinero. Un día el padre, les comentó que iba a ir a una tienda de ropa para ver si allí podría trabajar. Pero se fué desilusionado porque en cuanto se enteraron que tenía mujer e hijos le cerraron las puertas.Él siguió buscando, buscando, buscando y buscando, hasta que por fín encontró un trabajo digno para él. Iba a trabajar en una Gasolinera. A él le encantaban los coches, se sabía la clase de coches que había. Ese día se dirigió rapidamente a su casa para contarles a su familia que por fín había encontrado un gran trabajo. Cuando ellos escucharon la noticia, lo celebraron por todo lo alto. Al final, podrían comprarle ropa para sus hijos, alimentos y más cosas.
Al día siguiente se dirigió hacia su puesto de trabajo y se encontro con que la puerta de la Gasolinera estaba cerrada. En un cartel que había en la puerta, ponía: " Cerrado para siempre". El padre no sabía que hacer, otra vez tendría que ir a buscar trabajo y no le apetecía nada. Otra vez tendría que darle la mala noticia a sus parientes. Pero en ese mismo momento se encontró con un amigo que le dijo: 
- Hola, que tal amigo. Yo trabajo en una empresa de ropa, si quieres puedo preguntarles si puedes meterte tu.
- Te lo agradecería mucho. La verdad que sí estoy buscando trabajo, no me importa de lo que sea.
- Dame tu número de móvil y si me dicen que sí. Puedes trabajar conmigo.
- Muchas Gracias por todo. Ojalá puedas ayudarme, pues estoy desesperado. Mi gente tiene que alimentarse y no tengo para darles, ni para comprarles ropa.
El amigo se despidió de él y se fué para hablar con el director de la empresa. Ese mismo día le llamó, para comentarle que había hablado con su jefe y no había conseguido nada. El pobre otra vez se derrumbo y su hija Enma, que era una niña muy lista y obediente. 
- Papá, no te desesperes, ya verás como encontrarás algo. Tu vales mucho y eres muy bueno en todo.
- Tienes toda la razón, para que me voy a poner triste, si os tengo a vosotros que sois mi familia. De todas formas necesito encontrar algo para daros de comer y para compraros ropa.
- No te preocupes, a mí no me hace falta nada, los Reyes Magos y Papá Noél no se olvidarán de nosotros aunque seamos pobres. Ellos lo ven todo y como nos hemos portado bien pues nos traeran regalos. Además os tenemos a mamá y a tí.
- Enma Cariño, tienes un gran corazón. Te quiero mucho.
Pasaban los días, pasaban, y pasaban y no había noticias de ningún trabajo. A todos les había dejado su número de telefono para que le llamasen. Pero nadie le llamaba, hasta que de pronto sonó el telefono y fué rapidamente a cogerlo. Le llamaban de una tienda de ropa, pues necesitaban un dependiente. Ahora si que lo había conseguido. Todos estaban contentisimos.
Llegó la Noche Buena y los niños se fueron muy pronto a la cama, pues dentro de nada llegaría Papá Noél. Ellos les habían dejado un vaso de leche y para los Renos una zanahoria, pues decían que como Papá Noél llegaría con frio necesitaría un vaso de leche calentita. Al día siguiente Enma y David se despertaron muy pronto y se dirijieron hacia el salón para ver los regalos. Los abrieron y ella vió la muñeca que le había pedido, se lo había traido y era la que quería. El niño le había pedido un coche de policía y por fín lo tenía en sus manos. Tendrían que pensar que les iban a pedir ahora a los Reyes Magos. De momento estaban felices con sus juguetes.
Al día siguiente comenzaron a escribirles una carta para los Reyes Magos y se fueron con sus padres a un centro comercial que es donde estaban ellos. Enma era una niña muy lista y muy simpática, se fué hasta donde estaban ellos y se sentó en las piernas de Melchor, a David les daba un poco de miedo, pero como vió que no pasaba nada el se sentó encima de Baltasar. Les dieron sus cartas y le comentaron que se habían portado muy bien. Que habían sido muy obedientes y les dieron las gracias por haberle ayudado a su padre a encontrar trabajo.
El día 5 de Enero, se fueron a ver la cabalgata de Reyes y estaban alucinados con ellos. Al finalizar, se fueron pronto a casa, cenaron y se dirijieron a la cama. Esa noche los niños oyeron ruidos de los tres Reyes Magos, pero se quedaron tranquilamente en la cama. A la mañana siguiente, despertaron a sus padres diciendo:
- Papá, mamá, venid rápidamente. Han venido los Reyes Magos y nos han traido lo que habíamos pedido. Me han dejado la Cocinita y a David un Spiderman. Vamos Levantaros.
- Ya vamos chicos, tranquilos.
Ese día todos estában encantados y felices por todos los regalos que habían recibido los niños.
Como véis, hay algunas veces que los padres que tienen ganas de trabajar, no lo encuentran facilmente. Pero alguna persona caritativa y con ganas de darles oportunidades a la gente les hacen una llamada diciendoles que ese puesto es suyo.


viernes, 23 de noviembre de 2018

LA BAILARINA MARTINA

Había una vez, una pequeña niña, llamada Martina. Ésta quería ser bailarina, pero sus padres no la dejaban, porque creían que no se le daba bien.
Cada vez que le decían eso, la pobre Martina se ponía muy triste. La niña miraba videos de chicas haciendo ballet y se ponía su traje de bailarina e imitaba los pasos que hacian ellas. Su madre que tenía el oido super fino comenzó a escuchar música y no sabía de donde venía. Se dirigió hasta la habitación de su hija y con mucho cuidado abrió la puerta. Vió que estaba bailando y además lo hacía muy bien. Cerró la puerta despacio y bajo a decírselo a su marido. Decidieron que la llevarían a una academia de ballet. Ese mismo día, cuando estában en la mesa cenando y vieron la cara de pena que tenía la muchacha, le comentaron que iría a una academia. La niña se puso loca de contenta y empezó a darles las gracias a sus padres.
A la mañana siguiente, su madre acompañó a la pequeña a una academía que estaba al lado de la casa. La apuntó y esa misma tarde comenzó con sus clases.
Iba con su equipo de ballet ya puesto y dispuesta para bailar. La profesora les explicaba como tenían que hacer los pasos.
Pero, la pobre Martina se estaba tropezando todo el rato y fué a parar varias veces al suelo.
Algunos niños se reían de ella de lo torpe que era. La profesora que era muy dulce y buena, les llamó la atención. Pero a ellos les daba igual seguían con sus risas.
La pobre muchacha, no sabía como hacer y estaba un poco disgustada.
Al finalizar la clase, su profesora Ana, se acercó y le comentó:
- No te preocupes, cariño. Es tu primer día. Es normal que te tropieces, ya veras como mañana lo harás mejor. Todos hemos empezado como tú y nos hemos deslizado y caido al suelo. Pero como ves aquí estamos.
- Lo sé, pero yo tengo videos de bailarinas y sigo los pasos que hacen ellas. Pero no sabía que era tan dificil.
- Tranquila, princesa. Verás, que poco a poco se te irán quedando todos los pasos en la cabeza. Ensaya todos los días en casa. ¿ Vale?. Ahora vete a descansar a casa. ¡ Hasta mañana!.
- ¡ Hasta mañana!. Gracias por tus ánimos.
Al día siguiente volvió y otra vez se tropezó. Pero ella seguía intentándolo y otra vez cayó al suelo. Hasta que llegó un momento en que se dijo:
- No me rendiré, seguiré haciendo los pasos y ya verás como al final lo conseguiré.
Pasaban los días y la pobre seguía con sus tropiezos. Pero, no decaía, seguía con fuerzas. 
Esos niños volvieron a burlarse de ella. Martina hacía oidos sordos y seguía con lo suyo.
Al final, despues de todo lo que había pasado, consiguió su objetivo, hacerlo lo mejor posible. Esa misma tarde la profesora les dijo:
- Chicos, mañana por la tarde tendremos una actuación para los padres. No os olvidéis decírselo a ellos y si alguno no puede venir que vengan los abuelos.
Todos estában encantados y se fueron a casa para comentarselo a sus respectivos padres.
Al día siguiente, Martina se maquilló un poco, a ella no le gustaba mucho pintarse los ojos y los labios. Pero hoy era un día especial para ella y tenía que ir guapa. También se puso su traje de ballet.
Los padres que estaban muy orgullosos de ella, la llevaron y se quedaron a ver el espectáculo.
Martina , se puso en la primera fila para el baila y en la segunda estaban los que se habían burlado de ella.
Comenzó la función y todos los bailarines comenzaron a danzar. 
Al finalizar, todos los padres se pusieron de pie y los aplaudieron fuertemente, con" bravos" icluidos.
Ana, se acercó a ellos y les dió la enhorabuena. Estaba orgullosa de todos sus alumnos, pero en especial de Martina. Porque ella había luchado tanto para llegar a donde había llegado.
Todos los crios se bajaron del escenario y se dirigieron a saludar y a abrazar a sus padres.
La niña se abalanzó hacia ellos y estaban tan felices por ella. Que le comentaron:
- Hija, no lo dejes nunca. Eres increible, no sabíamos que lo hacías así de bien . Eres espectacular. LLegarás a ser una gran bailarina el día de mañana. Ya lo verás.
Los tres se fueron a casa cantando, estaban euforicos.
MORALEJA:
Nunca hay que reirse de los demás aunque hagan las cosas mal, aunque se tropiecen y se caigan. Todos alguna vez hemos cometido errores.