martes, 19 de marzo de 2019

CRISTINA, LA PRINCESA QUE DESEABA IR HACIA LA LUNA

Había una vez, una pequeña princesa llamada Cristina. Vivía junto a sus padres y hermanos en un enorme castillo. Su hermano mayor siempre la protegía para que no la pasase nada, él la quería mucho y jugaba con ella, la enseñaba muchas cosas de la naturaleza, las estrellas, etc. Sin embargo el pequeño siempre  estaba tirandole de los pelos, del vestido, la molestaba mucho y claro ella chillaba. Cada vez que sus padres oían ese chillido la decían:
- Cristina, deja de molestar a tu hermano, que sabes que es más pequeño.
- Pero mamá, si yo no le estoy haciendo nada. Es él que me está molestando. Siempre me estáis riñendo a mí.
Esa misma noche al finalizar la  cena y cuando todos se habían ido a sus habitaciónes. A ella como no le venía el sueño, se levantó y se fué hacia el jardín. Miró hacia el cielo, era una noche preciosa llena de estrellas y con una luna llena blanca y brillante. La princesa la miraba con mucha alegría y con mucho entusiasmo. Hablaba con la luna diciéndola:
- Hola Luna, me gustaría mucho ir hacia donde estás tú y poder abrazarte.
La luna que la había escuchado le comentó:
- Hola Pequeña Cristina, estás muy lejos. Tu vives en la tierra y yo en el cielo. No nos podemos acercar. Pero tu no te preocupes que todas las noches velaré por tí. Es más si mañana por la noche vuelves a salir al jardín, aquí estaré esperandote. No te pongas así de triste, mañana volveremos a vernos.
La niña se despidió de su amiga y se metió a su casa. Se dirrigió hacia su habitación, se metió a la camay quedó placidamente dormida.
A la mañana siguiente cuando se levantó les comentó a sus padres y hermanos que esa misma noche había hablado con la Luna. Ellos se reían y le decían:
- Hija, como vas ha hablar con la luna?. Si está en lo alto del cielo y no dice nada. No te inventes cosas raras, seguro que has soñado con ella.
- Os estoy diciendo la verdad. A mí me gustaría subir hacia donde está ella. Ayer me dijo que ella y yo seríamos buenas amigas.
Sus padres no la hacían mucho caso y ella seguía insistiéndoles con lo mismo.
Esa misma noche la pequeña Princesa volvió a salir y vió que su amiga estába un poco triste.
- ¿ Qué te pasa amiga?. ¿ Por qué estás así de triste?. ¿ Es por mi culpa?.
- No pequeña, es porque tus padres no te han creido. No creen que yo hablo de verdad.
- No se lo tomes en cuenta, tarde o temprano me creerán. Ahora lo que necesito es una sonrisa tuya, por favor.
Cuando ella estaba afuera hablando con la Luna, su madre se dirigió hacia la habitación de Cristina para darle un beso de buenas noches. Al entrar vió que no estaba en su cama, miró por la ventana y ahí estaba ella mirando hacia el cielo y entretenida con su compañera. Bajó hacia donde estaba su pequeña.
- Mira mamá, ella es la Luna es mi amiga y espero que ahora que la has visto y la has oido hablar me creas.
- Hija, perdona que no te hayamos creido. Tienes toda la razón, ahora veo que no estabas soñando y que ella siempre ha estado ahí contigo en todo momento. Despidete  y dale las buenas noches.
Cristina como era una niña tan educada y obediente hizo lo que le mandó su madre.
Antes de meterse a la casa, miró hacia el cielo, pero la enorme y brillante luna ya no estaba.
Se había escondido. De todas formas la cria le dió las Buenas Noches y le dió las gracias por tener su amistad. Le prometió que pronto, pero que muy pronto volverían a estar juntas.
Como veis Cristina no consiguíó ir hacia la Luna, pero al menos tuvo su amistad y consiguió que sus padres la creyesen. Hay veces que cuando decimos una cosa a nuestros padres no lo creen, se creen que nos lo estamos inventando o que les estamos tomando el pelo, o nos dicen como a nuestra protagonista que lo hemos soñado . Pero al final ellos nos piden perdón diciéndonos que teníamos razón en todo.


miércoles, 2 de enero de 2019

LA NAVIDAD MÁS ALEGRE PARA LOS PADRES DE ENMA Y DAVID

Había llegado la Navidad y todos estában radiantes de felicidad, los niños estában esperando a Papá Noél y a los Reyes Magos para que les trajesen lo que habían pedido. Menos una familia, que estába un poco triste porque no tenían dinero para comprar alimentos, ni para cogerles ropa. No sabían como iban alimentar a sus hijos Enma y David. Los pobres, lloraban noche y día y pensaban de donde podrían sacar el dinero. Un día el padre, les comentó que iba a ir a una tienda de ropa para ver si allí podría trabajar. Pero se fué desilusionado porque en cuanto se enteraron que tenía mujer e hijos le cerraron las puertas.Él siguió buscando, buscando, buscando y buscando, hasta que por fín encontró un trabajo digno para él. Iba a trabajar en una Gasolinera. A él le encantaban los coches, se sabía la clase de coches que había. Ese día se dirigió rapidamente a su casa para contarles a su familia que por fín había encontrado un gran trabajo. Cuando ellos escucharon la noticia, lo celebraron por todo lo alto. Al final, podrían comprarle ropa para sus hijos, alimentos y más cosas.
Al día siguiente se dirigió hacia su puesto de trabajo y se encontro con que la puerta de la Gasolinera estaba cerrada. En un cartel que había en la puerta, ponía: " Cerrado para siempre". El padre no sabía que hacer, otra vez tendría que ir a buscar trabajo y no le apetecía nada. Otra vez tendría que darle la mala noticia a sus parientes. Pero en ese mismo momento se encontró con un amigo que le dijo: 
- Hola, que tal amigo. Yo trabajo en una empresa de ropa, si quieres puedo preguntarles si puedes meterte tu.
- Te lo agradecería mucho. La verdad que sí estoy buscando trabajo, no me importa de lo que sea.
- Dame tu número de móvil y si me dicen que sí. Puedes trabajar conmigo.
- Muchas Gracias por todo. Ojalá puedas ayudarme, pues estoy desesperado. Mi gente tiene que alimentarse y no tengo para darles, ni para comprarles ropa.
El amigo se despidió de él y se fué para hablar con el director de la empresa. Ese mismo día le llamó, para comentarle que había hablado con su jefe y no había conseguido nada. El pobre otra vez se derrumbo y su hija Enma, que era una niña muy lista y obediente. 
- Papá, no te desesperes, ya verás como encontrarás algo. Tu vales mucho y eres muy bueno en todo.
- Tienes toda la razón, para que me voy a poner triste, si os tengo a vosotros que sois mi familia. De todas formas necesito encontrar algo para daros de comer y para compraros ropa.
- No te preocupes, a mí no me hace falta nada, los Reyes Magos y Papá Noél no se olvidarán de nosotros aunque seamos pobres. Ellos lo ven todo y como nos hemos portado bien pues nos traeran regalos. Además os tenemos a mamá y a tí.
- Enma Cariño, tienes un gran corazón. Te quiero mucho.
Pasaban los días, pasaban, y pasaban y no había noticias de ningún trabajo. A todos les había dejado su número de telefono para que le llamasen. Pero nadie le llamaba, hasta que de pronto sonó el telefono y fué rapidamente a cogerlo. Le llamaban de una tienda de ropa, pues necesitaban un dependiente. Ahora si que lo había conseguido. Todos estaban contentisimos.
Llegó la Noche Buena y los niños se fueron muy pronto a la cama, pues dentro de nada llegaría Papá Noél. Ellos les habían dejado un vaso de leche y para los Renos una zanahoria, pues decían que como Papá Noél llegaría con frio necesitaría un vaso de leche calentita. Al día siguiente Enma y David se despertaron muy pronto y se dirijieron hacia el salón para ver los regalos. Los abrieron y ella vió la muñeca que le había pedido, se lo había traido y era la que quería. El niño le había pedido un coche de policía y por fín lo tenía en sus manos. Tendrían que pensar que les iban a pedir ahora a los Reyes Magos. De momento estaban felices con sus juguetes.
Al día siguiente comenzaron a escribirles una carta para los Reyes Magos y se fueron con sus padres a un centro comercial que es donde estaban ellos. Enma era una niña muy lista y muy simpática, se fué hasta donde estaban ellos y se sentó en las piernas de Melchor, a David les daba un poco de miedo, pero como vió que no pasaba nada el se sentó encima de Baltasar. Les dieron sus cartas y le comentaron que se habían portado muy bien. Que habían sido muy obedientes y les dieron las gracias por haberle ayudado a su padre a encontrar trabajo.
El día 5 de Enero, se fueron a ver la cabalgata de Reyes y estaban alucinados con ellos. Al finalizar, se fueron pronto a casa, cenaron y se dirijieron a la cama. Esa noche los niños oyeron ruidos de los tres Reyes Magos, pero se quedaron tranquilamente en la cama. A la mañana siguiente, despertaron a sus padres diciendo:
- Papá, mamá, venid rápidamente. Han venido los Reyes Magos y nos han traido lo que habíamos pedido. Me han dejado la Cocinita y a David un Spiderman. Vamos Levantaros.
- Ya vamos chicos, tranquilos.
Ese día todos estában encantados y felices por todos los regalos que habían recibido los niños.
Como véis, hay algunas veces que los padres que tienen ganas de trabajar, no lo encuentran facilmente. Pero alguna persona caritativa y con ganas de darles oportunidades a la gente les hacen una llamada diciendoles que ese puesto es suyo.


viernes, 23 de noviembre de 2018

LA BAILARINA MARTINA

Había una vez, una pequeña niña, llamada Martina. Ésta quería ser bailarina, pero sus padres no la dejaban, porque creían que no se le daba bien.
Cada vez que le decían eso, la pobre Martina se ponía muy triste. La niña miraba videos de chicas haciendo ballet y se ponía su traje de bailarina e imitaba los pasos que hacian ellas. Su madre que tenía el oido super fino comenzó a escuchar música y no sabía de donde venía. Se dirigió hasta la habitación de su hija y con mucho cuidado abrió la puerta. Vió que estaba bailando y además lo hacía muy bien. Cerró la puerta despacio y bajo a decírselo a su marido. Decidieron que la llevarían a una academia de ballet. Ese mismo día, cuando estában en la mesa cenando y vieron la cara de pena que tenía la muchacha, le comentaron que iría a una academia. La niña se puso loca de contenta y empezó a darles las gracias a sus padres.
A la mañana siguiente, su madre acompañó a la pequeña a una academía que estaba al lado de la casa. La apuntó y esa misma tarde comenzó con sus clases.
Iba con su equipo de ballet ya puesto y dispuesta para bailar. La profesora les explicaba como tenían que hacer los pasos.
Pero, la pobre Martina se estaba tropezando todo el rato y fué a parar varias veces al suelo.
Algunos niños se reían de ella de lo torpe que era. La profesora que era muy dulce y buena, les llamó la atención. Pero a ellos les daba igual seguían con sus risas.
La pobre muchacha, no sabía como hacer y estaba un poco disgustada.
Al finalizar la clase, su profesora Ana, se acercó y le comentó:
- No te preocupes, cariño. Es tu primer día. Es normal que te tropieces, ya veras como mañana lo harás mejor. Todos hemos empezado como tú y nos hemos deslizado y caido al suelo. Pero como ves aquí estamos.
- Lo sé, pero yo tengo videos de bailarinas y sigo los pasos que hacen ellas. Pero no sabía que era tan dificil.
- Tranquila, princesa. Verás, que poco a poco se te irán quedando todos los pasos en la cabeza. Ensaya todos los días en casa. ¿ Vale?. Ahora vete a descansar a casa. ¡ Hasta mañana!.
- ¡ Hasta mañana!. Gracias por tus ánimos.
Al día siguiente volvió y otra vez se tropezó. Pero ella seguía intentándolo y otra vez cayó al suelo. Hasta que llegó un momento en que se dijo:
- No me rendiré, seguiré haciendo los pasos y ya verás como al final lo conseguiré.
Pasaban los días y la pobre seguía con sus tropiezos. Pero, no decaía, seguía con fuerzas. 
Esos niños volvieron a burlarse de ella. Martina hacía oidos sordos y seguía con lo suyo.
Al final, despues de todo lo que había pasado, consiguió su objetivo, hacerlo lo mejor posible. Esa misma tarde la profesora les dijo:
- Chicos, mañana por la tarde tendremos una actuación para los padres. No os olvidéis decírselo a ellos y si alguno no puede venir que vengan los abuelos.
Todos estában encantados y se fueron a casa para comentarselo a sus respectivos padres.
Al día siguiente, Martina se maquilló un poco, a ella no le gustaba mucho pintarse los ojos y los labios. Pero hoy era un día especial para ella y tenía que ir guapa. También se puso su traje de ballet.
Los padres que estaban muy orgullosos de ella, la llevaron y se quedaron a ver el espectáculo.
Martina , se puso en la primera fila para el baila y en la segunda estaban los que se habían burlado de ella.
Comenzó la función y todos los bailarines comenzaron a danzar. 
Al finalizar, todos los padres se pusieron de pie y los aplaudieron fuertemente, con" bravos" icluidos.
Ana, se acercó a ellos y les dió la enhorabuena. Estaba orgullosa de todos sus alumnos, pero en especial de Martina. Porque ella había luchado tanto para llegar a donde había llegado.
Todos los crios se bajaron del escenario y se dirigieron a saludar y a abrazar a sus padres.
La niña se abalanzó hacia ellos y estaban tan felices por ella. Que le comentaron:
- Hija, no lo dejes nunca. Eres increible, no sabíamos que lo hacías así de bien . Eres espectacular. LLegarás a ser una gran bailarina el día de mañana. Ya lo verás.
Los tres se fueron a casa cantando, estaban euforicos.
MORALEJA:
Nunca hay que reirse de los demás aunque hagan las cosas mal, aunque se tropiecen y se caigan. Todos alguna vez hemos cometido errores.

domingo, 21 de octubre de 2018

CELESTE, LA VIEJA CASCARRABIAS Y FLOR, LA ALEGRE Y ENCANTADORA NIÑA

En una pequeña casa que estába situada en un enorme bosque, vivía una viejecita que no era muy agradable que digamos. Siempre se estába quejando de todo y se molestába cuando alguien ibá a interrumpirla siempre que estába haciendo algo importante. Su nombre era Celeste. 
A su casa, solía ir su mejor amiga y cada vez que iba la invitaba a tomar algo y se sentaban y se ponían a cotillear de lo que pasaba en el pueblo. Ésta viejecita solo tenía a ella, ¿ Sabéis por qué?. Pues porque la gente del pueblo  no la quería porque tenía muy mal caracter y siempre les llevaba la contraría a todos. Además de ser así, era muy criticona.
Un día, estando en la casa con su conocida, alguien llamó a la puerta. A ella, que no le gustában mucho recibir visitas, se levantó del asiento de muy mal humor y se dirigió hacia la puerta:
- ¿ Quién me viene a molestar?. ¿ Quién es la que se atreve a golpear así a la puerta?. Ahora que estoy yo aquí tan tranquila hablando de nuestras cosas.
Al abrir, se encontró con una simpática y dulce niña.
- Mira, muchacha. ¿ Por qué vienes aquí a interrumpirme?. ¿ Qué es lo que quieres de mí?. No tengo tiempo para tí, lo siento. Puedes irte.
- Pero, señora. Es que mi mamá me pidió que viniese, pues dice que usted hace quesos. Venía para llevarle alguno.
- Marchate, que ya lo de los quesos se terminó, ya me deshice de las vacas, de las ovejas y de las gallinas. Tan solo tengo a Fifí mi gatito y mi fiel amigo Bigotes. Él es uno de los perros más listos y obediente que he tenido ¿ Verdad, Bigotes?. Ahora, hazme el favor de irte de una vez. No me gustan que los niños estén por aquí alrededor de la casa y revoloteando. 
Celeste, sin darle más explicaciones a la niña cogió y cerró con bastante ímpetu. Flor, que así se llamaba la pequeña, se quedó un poco triste. La pobre vió que estába oscureciendo y le daba un poco de miedo volver sola a su casa. Pensó en volver a llamar a la casa de esa anciana, pero no quería volver porque esa señora se lo había dicho muy claro.
Vió que al lado había un establo y fué allí para pasar la noche. Su madre estába muy preocupada, porque  su hija no volvía y ella pensába que le había pasado algo por el camino. Luego se dijo a sí misma, que a lo mejor esa malvada se habría comparecido de su pequeña y la habría recogido en su casa.
A la mañana siguiente, cuando Celeste fué al establo a ver a su caballo blanco, llamado Aquiles. De repente, oyo un extraño ruido que salía de entre las pajas y pensó, será este horroroso caballo que no hace más que pegarme sustos. Sacó a Aquiles de su lugar y seguía escuchando esos ruidos de malolientes pajas. Ella estába muy asustada y preguntaba:
- ¿ Quién está ahí?. El que sea que salga ya, si no, le tengo que decir que tengo una escopeta en mi mano y se me puede disparar en cualquier momento.
La niña toda asustada salió diciendo:
- No dispare señora, soy yo, la que vino ayer. Ahora mismo me voy y no le molestaré más.
- ¿ Por qué te escondiste ahí?. ¿ Cómo no te fuiste a tu casa?. No te dije que no me gustaba que los niños estuviesen cerca de mi casa.
- Lo sé, pero es que había oscurecido y yo tenía mucho miedo de volver. Entonces, pensé en esconderme aquí en el establo. Lo siento, ya me marcho.
- Espera un momento. Que yo no soy tan mala como dicen en el pueblo. Pasa, te daré un vaso de leche y unas galletas, si te apetece, claro.
- Si, muchas gracias. LLevo sin comer desde ayer por la tarde. Tengo muchísima hambre, además yo como muy bien y desayuno tambien. Que a mi madre no le doy problemas en ese sentido, como todo lo que me den.
- Está bien, pero antes vete a lavarte las manos. Una vez que hayas terminado de tomar el vaso de leche, te coges y te vas. Otra cosa más no te quiero volver a ver por aquí nunca más ¿Vale?.
-Lo he entendido perfectamente. Gracias, Celeste por todo.
La pequeña se tomó el vaso de leche con sus galletas que le había preparado la anciana y ella se lo bebió con muchas ganas. Miraba a la viejecita y veía lo seria que estaba. Tenían razón los del pueblo al decir que era una persona con bastante genio y que no era muy simpática. Pero tenía un gran corazón y eso Flor lo sabía. Una vez que terminó el desayuno, la criatura se despidió de esa anciana cascarrabias y ella le volvió advertir de que no volviese nunca más.
Pero cuando Flor se fué, Celeste sintió el vacio que había dejado esa simpática y encantadora niña. Se decía a sí mismo que no debería a ver sido así de dura con esa dulce Flor. Se sentía Sola y Triste, su amiga venía de vez en cuando a verla, pero no era lo mismo.
Ese mismo día, volvió la alegre muchacha a casa de esa malvada Señora. No se atrevía ni a llamar, la pobre estába tan asustada, pero al final lo hizo. La ancianita se dirigió rápidamente a abrirla y la mandó pasar. Le comentó que sentía mucho el haberla tratado así y que a partir de ahora sería bienvenida en esa casa. Ella se extrañaba y se preguntaba.
- ¿ Por qué ahora está así de simpática?. ¿ Qué raro?. Ella no es así, me trató muy mal hace unos días.
Celeste le explicó que había recapacitado y que se sentía culpable del mal trato que la había dado. Le comentaba que se sentía sola y que le encantaría que fuese todos los días a verla y así hablarían de todas las cosas que les pasaban en el día. Flor accedió a ir a verla y a acompañarla, ya que la niña era una persona muy sensible y no le importaba ir. Iba todos los días no faltaba ni uno, cada vez que entraba por la puerta la viejecita se ponía muy contenta al verla. Al final la ancianita recapacitó y pensó que nunca más volvería a tratar mal a las personas.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

TINA LA SERPIENTE DE COLORES

¡Hola, Chicos!. Seguro que os acordaréis de mí, para los que no me hayan visto nunca, me presentaré. Mi nombre es Coruja. Hoy vengo muy bien acompañada, ha venido una buena amiga. Un momento, no hagáis ruido, voy a buscarla y cuando venga, la aplaudís muy fuerte. ¿ Vale?.
Pero que pasa, ¡ Hala!. ¡ No está en la maleta!. Siento deciros, niños y niñas que mi querida amiga, no ha podido venir. Que raro, no se me habrá escapado otra vez, tener cuidado no sea que esté detras de alguno de vosotros mirad bien y si está me la traeis. Creo que ya la oigo moverse. Pero bueno, si estás aquí, Tina. ¿ Dónde estabas?. ¿ Qué dices?. Más despacio, que no hay nadie que te entienda.
Me comenta que estába atrapada y que por eso no podía salir. ¡ Niños y niñas con todos vosotros la bella serpiente de Colores!. Su nombre es Tina. ¿ Véis que colores tan bonitos tiene?.
Pero hoy te noto un poco triste. ¿ Qué te pasa?.¿ Te ha pasado algo en el colegio?. Dimelo, a lo mejor te puedo ayudar si quieres.
Me cuenta que estaba ella tan tranquilamente arrastrandose por el suelo cuando de pronto se acercó un enorme elefante y le quiso quitar uno de sus colores. Pero ella, como es tan valiente, se defendió de él. Cuando el señor elefante se fué, apareció un feroz león. Se acercó a Tina para ver los colores que tenía y al igual que el elefante, deseaba tener uno de esos animados colores. Pero ella se dió cuenta y escapo de ese malvado y feroz animal.
La serpiente se preguntaba:
- Pero,¿ Qué esta pasando que todos los animales quieren quitarme mis colores?. ya sé, seguro que les gusto mucho y me tienen envidia porque ellos no tienen unos colores tan vivos como los míos.
En ese momento que estába diciendo eso, llegó un lindo y encantador conejo y le comentó:
- ¡ Hola, Señora Serpiente!. ¿ Cómo está usted?. La veo muy guapa y está llena de diferentes colores que llama mucho la atención de cada uno de nosotros.
- Gracias, Señor conejo. Es usted todo un galán. ¿ Qué hace por aquí?. ¿ A dónde va?. 
- Iba a casa de mi amiga la tortuga. Si se quiere venir, puede acompañarme. ¿ Como se llama?
- Mi nombre es Tina y usted tiene nombre ¿ Verdad?.
- Si, soy Blanquito. Pero dese prisa, que si no no llegamos a casa de mi amiga. Además, si llegamos tarde se enfadará y me está esperando.
Comenzaron a andar, andar, andar, y andar. Hasta que por fín llegaron a la casa de la Señora Tortuga.
El conejo llamó fuertemente a la puerta, porque Mona, la tortuga, que así se llamaba, estába un poco sorda y además de eso era muy lenta.
Ella abrió y saludó a sus amigos:
- ¡ Hola, Blanquito!. ¿ Hoy me traes a alguien más?.
- Si, Mona. Esta es Tina la serpiente de colores y quería venir a conocerte. Si no te importa, comerá con nosotros también.
- Pasar, pasar los dos. Claro que no me importa que haya venido, tengo comida de sobra. Vendréis hambrientos. ¿Verdad?.
- Claro, tenemos muchas ganas de comer. Sabemos que tu cocinas de maravilla y por el olor deduzco que has echo lo que a mí más me gusta. ¿ Verdad, amiga mía?.
- Claro, Blanquito. Que he hecho tu comida favorita, sabes que siempre que vienes te la hago.
Los tres se sentaron en la mesa y comenzaron a probar ese alimento que había cocinado la Tortuga. La serpiente se quedó mirando a los dos y se dijo para sí misma:
- Que suerte tengo, por fín he encontrado a dos animalitos con los que puedo estar agusto y con los que se puede hablar tranquilamente de nuestras cosas, sin que nos peleemos.
Al finalizar la comida, llegó la hora de despedirse de Mona. Las despedidas entre ellos eran un poco duras, porque los dos se echaban a llorar, aunque se veían con frecuencia. Pero se llevaban tan bién, que Blanquito siempre defendía a su amiga y la quería mucho. 
Cuando salieron de la casa, Tina le comentó al conejo que se lo había pasado muy bién y que a ella también le gustaría ser su amigo. El accedió y se fueron cada uno de ellos a sus casas.
Se volvieron a ver al día siguiente, al siguiente, al siguiente y así sucesivamente.
Colorín Colorete por la chimenea sale un cohete

domingo, 23 de septiembre de 2018

PAPA NOÉL Y PLIN EL ELFO

¡ OH, OH, OH, OH!. ¡ FELIZ NAVIDAD, NIÑOS Y NIÑAS!. ¿ Habéis visto a mi ayudante por aquí?. ¿ Qué no sabéis quienes son mis ayudantes?.
Os diré quienes son. Son los Elfos. Ellos me ayudan a envolver todos los regalos que me habéis pedido. Yo leo todas las cartas que me escribis, la verdad que algunos sois unos artistas, porque me hacéis unos dibujos maravillosos. Otros me pedís cada jueguete, que hay veces que me lo pienso en daroslo. Por ejemplo, el otro día me escribió un niño que tenía cinco años y ¿ Sabéis que me pidió?. Pues me pidió un móvil, yo me quedé leyendo bien la carta y me dije:
- Pero este niño que me pide un móvil o una wii. Voy a leerlo mejor no sea que lo haya leido mal. 
Pero no, lo había leido bien me había pedido un móvil. Yo pensé que qué era eso tan raro que me había pedido Lucas que es este niño del que os estoy hablando. Yo no sé que es un móvil ¿ Vosotros sabéis que es un móvil?. ¿ Quienes de los que están aquí tienen un móvil?. Si lo lleváis encima en los bolsillos, enseñármelo, por favor. Nunca he visto uno y no sé como es.
Mira esa niña tiene uno, dejamelo ver, por favor. Ven aquí,  enseñame que se hace con este aparato. Se puede jugar, o para que sirve. Es que primero tengo que saber si le conviene a Lucas o no. Pero me parece que para un niño de 5 años como que no es bueno. ¿ No creéis?. 
¿ Sabéis que tengo en este saco?. Tengo todos los regalos que me habéis pedido, aunque creo que alguno se ha portado un poquito mal, pero como estamos en Navidades, todo se olvida ¿ Verdad, chicos?. También suelo llevar regalos a los niños que están en los hospitales, porque ellos también disfrutan  cuando voy a verles. 
Bueno chicos y chicas, voy a buscar a mi Elfo, a ver si se ha escondido. No os mováis, ahora vengo. Una cosa, si le véis decirle que lo estoy buscando.
Cuando me marché para ir a buscarlo, nada más irme apareció Plin, el elfo. Él saludó al publico y se volvió a esconder.
- ¡ Hola, niños!. ¿ Lo habéis encontrado?. Anda que bién que lo hayáis visto. ¿ Sabéis por dónde se ha ido?. Escuchar, no oís un tintineo de un casacabel. ¿ Lo oís?.
Cuando menos me lo esperaba, apareció Plin el diminuto Elfo que había estado escondido.
- Por fín, ya era hora. Llevo toda la tarde buscandote. ¿ Dónde has estado, amigo mío?. Que estábas atando a los renos, vale eso está muy bién. ¡ Niños y niñas, con todos vosotros el gran Elfo Plin!. Demósle un enorme aplauso.
- ¡ Hola, Papa Noél, niños y niñas!. Siento haberos hecho esperar pero estaba atando a los Renos para que no se escapasen. No os enfadéis que hoy es Navidad y es un día para estár muy contentos. ¿ Les has enseñado ya sus regalos?.
- No, Plin. Sabes que los regalos se los llevaré a sus casas cuando estén todos los niños dormidos, si se los doy ahora no sería sorpresa. ¿ Verdad, chicos?. Bueno, ya que estámos en Navidad y ya que nuestro buen amigo el Elfo está con nosotros. ¿ Queréis cantar un Villancico?. El que vosotros queráis, pero me tenéis que ayudar un poco, porque mi voz está afonica. La de Campanas sobre Campanas.
Camapanas sobre Camapanas,
y sobre Campana una
asomate a la ventana
verás al niño en la cuna
Belén, campanas de Belén,
que los ángeles tocan
¿ Qué nuevas me traéis?.
- Muy bién chicos, ahora os daré un pequeño obsequio y el día 25, deseo que estéis esa noche todos en la cama. El que no vaya a la cama y me espere levantado ese niño o niña no tendrá lo que ha pedido. Así que ya sabéis, nada de acostarse tarde.
¡OH, OH, OH!. ¡ FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!. Vamos Plin cogamos los Renos, iremos primero a los hospitales.¡ Hasta siempre y recordad portaros bién !. Ya sabéis que yo os estoy viendo siempre

EL DINOSAURIO DINO NO PODÍA APOYAR LAS PATAS

En un antiguo y frondoso bosque, vivían una familia de dinosáurios. Tenían tres hijos, uno de ellos se llamaba Dindín, el segundo era Dondón y el más pequeño de los tres era Dino.
Un día Dindín les preguntó a sus hermanos:
- ¿ Queréis que vayamos a jugar a ese juego tan chulo como  es el escondite?.
Ellos respondieron que sí. Sería divertido.
Cuando salieron, sus padres les advirtieron de que tuviesen mucho cuidado, pues había algunos animales que eran muy peligrosos.
Ellos les comentaron a sus padres, que no se preocupasen y que no se alejarían mucho. Pero al final caminaron tanto que perdieron de vista la zona donde vivían y se desorientaron.
Dindín les dijo a sus hermanos:
- Dondón, Dino, creo que nos hemos alejado mucho y ahora no sé si sabremos volver.
- Dindín, Dondón, yo quiero volver con mamá y papá. Tengo mucho miedo y si viene otro dinosaurío más grande que nosotros y nos come.
- Tranquilo Dino, nosotros te protegeremos. Además hemos venido a jugar al escondite. Verás lo bién que lo vamos a pasar.
Dindín comenzó a contar y Dondón y Dino rápidamente se econdieron. Cuando el mayor acabó de contar, empezó a buscar a sus hermanos. Al primero que encontró fué a Dondón y Dino debía estár bien escondido porque no aparecía por ningún lado. Después estár un buén rato buscándolo por fín lo encontró.
Ahora le tocaba a Dondón contar y a los otros esconderse. El pobre Dino se escondió entre unos matorrales, donde había pinchos. No se había dado cuenta y ahí se quedó prendido. Dondón, terminó de contar y fué en busca de sus hermanos. Buscaba a Dino por un lado, luego por el otro y nada, y seguía sin aparecer. De pronto, a lo lejos vió los matorrales llenos de pinchos y se dirigió allí.- Por fín te encontré. Pero Dino no podía salir porque se había enredado entre las espinas.
- Dino, ¿ Qué te pasa?. ¿ Por qué no sales?
- Porque tengo muchos pinchos en mis patitas y no puedo apoyarlas. Me duelen mucho.
- Venga, no será una broma tuya. ¿ Verdad?.
- No estoy bromenado. Si quieres miras a ver come están y te darás cuenta que es verdad.
Dondón le miró sus patas y las vió llenas de pinchos. Este llamó a su hermano:
- Dindín, ven rápidamente. Mira como las tiene nuestro hermano.
Cuando llegó y las vió no se lo podía creer.
Le preguntaron:
- ¿ Qué vamos a hacer ahora contigo?. ¿ Cómo vamos a llevarte a casa?.
El mayor tuvo una gran idea, les comentó que él lo llevaría en su lomo.
- Dondón, cogele con mucho cuidado y ponmelo encima de mi lomo. Lo llevaré a casa así.
Dondón hizo lo que le había mandado su hermano, le puso encima de él y empezaron el camino de vuelta a casqa. Dino se quejaba y lloraba porque le dolían mucho las heridas.
Cuando llegaron a casa, sus padres vieron que el pequeño de sus hijos estába llorando. Vieron sus patitas llenas de pinchos y su mamá tranquilamente comenzó a quitárselas una a una. El lloraba, lloraba, lloraba y lloraba, porque le hacía mucho daño.
Cuando su madre terminó de quitarle todas las espinas, él intentó ponerse de pié. Pero no había forma, pues tenía doloridas sus patas.
Él les comentó a sus hermanos que nunca más jugaría a ese juego tan divertido como era el escondite. Ya que el pobre había tenido mala suerte o como se suele decir había tenido mala pata al haberse caido entre los matorrales llenos de pinchos.