miércoles, 26 de septiembre de 2018

TINA LA SERPIENTE DE COLORES

¡Hola, Chicos!. Seguro que os acordaréis de mí, para los que no me hayan visto nunca, me presentaré. Mi nombre es Coruja. Hoy vengo muy bien acompañada, ha venido una buena amiga. Un momento, no hagáis ruido, voy a buscarla y cuando venga, la aplaudís muy fuerte. ¿ Vale?.
Pero que pasa, ¡ Hala!. ¡ No está en la maleta!. Siento deciros, niños y niñas que mi querida amiga, no ha podido venir. Que raro, no se me habrá escapado otra vez, tener cuidado no sea que esté detras de alguno de vosotros mirad bien y si está me la traeis. Creo que ya la oigo moverse. Pero bueno, si estás aquí, Tina. ¿ Dónde estabas?. ¿ Qué dices?. Más despacio, que no hay nadie que te entienda.
Me comenta que estába atrapada y que por eso no podía salir. ¡ Niños y niñas con todos vosotros la bella serpiente de Colores!. Su nombre es Tina. ¿ Véis que colores tan bonitos tiene?.
Pero hoy te noto un poco triste. ¿ Qué te pasa?.¿ Te ha pasado algo en el colegio?. Dimelo, a lo mejor te puedo ayudar si quieres.
Me cuenta que estaba ella tan tranquilamente arrastrandose por el suelo cuando de pronto se acercó un enorme elefante y le quiso quitar uno de sus colores. Pero ella, como es tan valiente, se defendió de él. Cuando el señor elefante se fué, apareció un feroz león. Se acercó a Tina para ver los colores que tenía y al igual que el elefante, deseaba tener uno de esos animados colores. Pero ella se dió cuenta y escapo de ese malvado y feroz animal.
La serpiente se preguntaba:
- Pero,¿ Qué esta pasando que todos los animales quieren quitarme mis colores?. ya sé, seguro que les gusto mucho y me tienen envidia porque ellos no tienen unos colores tan vivos como los míos.
En ese momento que estába diciendo eso, llegó un lindo y encantador conejo y le comentó:
- ¡ Hola, Señora Serpiente!. ¿ Cómo está usted?. La veo muy guapa y está llena de diferentes colores que llama mucho la atención de cada uno de nosotros.
- Gracias, Señor conejo. Es usted todo un galán. ¿ Qué hace por aquí?. ¿ A dónde va?. 
- Iba a casa de mi amiga la tortuga. Si se quiere venir, puede acompañarme. ¿ Como se llama?
- Mi nombre es Tina y usted tiene nombre ¿ Verdad?.
- Si, soy Blanquito. Pero dese prisa, que si no no llegamos a casa de mi amiga. Además, si llegamos tarde se enfadará y me está esperando.
Comenzaron a andar, andar, andar, y andar. Hasta que por fín llegaron a la casa de la Señora Tortuga.
El conejo llamó fuertemente a la puerta, porque Mona, la tortuga, que así se llamaba, estába un poco sorda y además de eso era muy lenta.
Ella abrió y saludó a sus amigos:
- ¡ Hola, Blanquito!. ¿ Hoy me traes a alguien más?.
- Si, Mona. Esta es Tina la serpiente de colores y quería venir a conocerte. Si no te importa, comerá con nosotros también.
- Pasar, pasar los dos. Claro que no me importa que haya venido, tengo comida de sobra. Vendréis hambrientos. ¿Verdad?.
- Claro, tenemos muchas ganas de comer. Sabemos que tu cocinas de maravilla y por el olor deduzco que has echo lo que a mí más me gusta. ¿ Verdad, amiga mía?.
- Claro, Blanquito. Que he hecho tu comida favorita, sabes que siempre que vienes te la hago.
Los tres se sentaron en la mesa y comenzaron a probar ese alimento que había cocinado la Tortuga. La serpiente se quedó mirando a los dos y se dijo para sí misma:
- Que suerte tengo, por fín he encontrado a dos animalitos con los que puedo estar agusto y con los que se puede hablar tranquilamente de nuestras cosas, sin que nos peleemos.
Al finalizar la comida, llegó la hora de despedirse de Mona. Las despedidas entre ellos eran un poco duras, porque los dos se echaban a llorar, aunque se veían con frecuencia. Pero se llevaban tan bién, que Blanquito siempre defendía a su amiga y la quería mucho. 
Cuando salieron de la casa, Tina le comentó al conejo que se lo había pasado muy bién y que a ella también le gustaría ser su amigo. El accedió y se fueron cada uno de ellos a sus casas.
Se volvieron a ver al día siguiente, al siguiente, al siguiente y así sucesivamente.
Colorín Colorete por la chimenea sale un cohete

domingo, 23 de septiembre de 2018

PAPA NOÉL Y PLIN EL ELFO

¡ OH, OH, OH, OH!. ¡ FELIZ NAVIDAD, NIÑOS Y NIÑAS!. ¿ Habéis visto a mi ayudante por aquí?. ¿ Qué no sabéis quienes son mis ayudantes?.
Os diré quienes son. Son los Elfos. Ellos me ayudan a envolver todos los regalos que me habéis pedido. Yo leo todas las cartas que me escribis, la verdad que algunos sois unos artistas, porque me hacéis unos dibujos maravillosos. Otros me pedís cada jueguete, que hay veces que me lo pienso en daroslo. Por ejemplo, el otro día me escribió un niño que tenía cinco años y ¿ Sabéis que me pidió?. Pues me pidió un móvil, yo me quedé leyendo bien la carta y me dije:
- Pero este niño que me pide un móvil o una wii. Voy a leerlo mejor no sea que lo haya leido mal. 
Pero no, lo había leido bien me había pedido un móvil. Yo pensé que qué era eso tan raro que me había pedido Lucas que es este niño del que os estoy hablando. Yo no sé que es un móvil ¿ Vosotros sabéis que es un móvil?. ¿ Quienes de los que están aquí tienen un móvil?. Si lo lleváis encima en los bolsillos, enseñármelo, por favor. Nunca he visto uno y no sé como es.
Mira esa niña tiene uno, dejamelo ver, por favor. Ven aquí,  enseñame que se hace con este aparato. Se puede jugar, o para que sirve. Es que primero tengo que saber si le conviene a Lucas o no. Pero me parece que para un niño de 5 años como que no es bueno. ¿ No creéis?. 
¿ Sabéis que tengo en este saco?. Tengo todos los regalos que me habéis pedido, aunque creo que alguno se ha portado un poquito mal, pero como estamos en Navidades, todo se olvida ¿ Verdad, chicos?. También suelo llevar regalos a los niños que están en los hospitales, porque ellos también disfrutan  cuando voy a verles. 
Bueno chicos y chicas, voy a buscar a mi Elfo, a ver si se ha escondido. No os mováis, ahora vengo. Una cosa, si le véis decirle que lo estoy buscando.
Cuando me marché para ir a buscarlo, nada más irme apareció Plin, el elfo. Él saludó al publico y se volvió a esconder.
- ¡ Hola, niños!. ¿ Lo habéis encontrado?. Anda que bién que lo hayáis visto. ¿ Sabéis por dónde se ha ido?. Escuchar, no oís un tintineo de un casacabel. ¿ Lo oís?.
Cuando menos me lo esperaba, apareció Plin el diminuto Elfo que había estado escondido.
- Por fín, ya era hora. Llevo toda la tarde buscandote. ¿ Dónde has estado, amigo mío?. Que estábas atando a los renos, vale eso está muy bién. ¡ Niños y niñas, con todos vosotros el gran Elfo Plin!. Demósle un enorme aplauso.
- ¡ Hola, Papa Noél, niños y niñas!. Siento haberos hecho esperar pero estaba atando a los Renos para que no se escapasen. No os enfadéis que hoy es Navidad y es un día para estár muy contentos. ¿ Les has enseñado ya sus regalos?.
- No, Plin. Sabes que los regalos se los llevaré a sus casas cuando estén todos los niños dormidos, si se los doy ahora no sería sorpresa. ¿ Verdad, chicos?. Bueno, ya que estámos en Navidad y ya que nuestro buen amigo el Elfo está con nosotros. ¿ Queréis cantar un Villancico?. El que vosotros queráis, pero me tenéis que ayudar un poco, porque mi voz está afonica. La de Campanas sobre Campanas.
Camapanas sobre Camapanas,
y sobre Campana una
asomate a la ventana
verás al niño en la cuna
Belén, campanas de Belén,
que los ángeles tocan
¿ Qué nuevas me traéis?.
- Muy bién chicos, ahora os daré un pequeño obsequio y el día 25, deseo que estéis esa noche todos en la cama. El que no vaya a la cama y me espere levantado ese niño o niña no tendrá lo que ha pedido. Así que ya sabéis, nada de acostarse tarde.
¡OH, OH, OH!. ¡ FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO NUEVO!. Vamos Plin cogamos los Renos, iremos primero a los hospitales.¡ Hasta siempre y recordad portaros bién !. Ya sabéis que yo os estoy viendo siempre

EL DINOSAURIO DINO NO PODÍA APOYAR LAS PATAS

En un antiguo y frondoso bosque, vivían una familia de dinosáurios. Tenían tres hijos, uno de ellos se llamaba Dindín, el segundo era Dondón y el más pequeño de los tres era Dino.
Un día Dindín les preguntó a sus hermanos:
- ¿ Queréis que vayamos a jugar a ese juego tan chulo como  es el escondite?.
Ellos respondieron que sí. Sería divertido.
Cuando salieron, sus padres les advirtieron de que tuviesen mucho cuidado, pues había algunos animales que eran muy peligrosos.
Ellos les comentaron a sus padres, que no se preocupasen y que no se alejarían mucho. Pero al final caminaron tanto que perdieron de vista la zona donde vivían y se desorientaron.
Dindín les dijo a sus hermanos:
- Dondón, Dino, creo que nos hemos alejado mucho y ahora no sé si sabremos volver.
- Dindín, Dondón, yo quiero volver con mamá y papá. Tengo mucho miedo y si viene otro dinosaurío más grande que nosotros y nos come.
- Tranquilo Dino, nosotros te protegeremos. Además hemos venido a jugar al escondite. Verás lo bién que lo vamos a pasar.
Dindín comenzó a contar y Dondón y Dino rápidamente se econdieron. Cuando el mayor acabó de contar, empezó a buscar a sus hermanos. Al primero que encontró fué a Dondón y Dino debía estár bien escondido porque no aparecía por ningún lado. Después estár un buén rato buscándolo por fín lo encontró.
Ahora le tocaba a Dondón contar y a los otros esconderse. El pobre Dino se escondió entre unos matorrales, donde había pinchos. No se había dado cuenta y ahí se quedó prendido. Dondón, terminó de contar y fué en busca de sus hermanos. Buscaba a Dino por un lado, luego por el otro y nada, y seguía sin aparecer. De pronto, a lo lejos vió los matorrales llenos de pinchos y se dirigió allí.- Por fín te encontré. Pero Dino no podía salir porque se había enredado entre las espinas.
- Dino, ¿ Qué te pasa?. ¿ Por qué no sales?
- Porque tengo muchos pinchos en mis patitas y no puedo apoyarlas. Me duelen mucho.
- Venga, no será una broma tuya. ¿ Verdad?.
- No estoy bromenado. Si quieres miras a ver come están y te darás cuenta que es verdad.
Dondón le miró sus patas y las vió llenas de pinchos. Este llamó a su hermano:
- Dindín, ven rápidamente. Mira como las tiene nuestro hermano.
Cuando llegó y las vió no se lo podía creer.
Le preguntaron:
- ¿ Qué vamos a hacer ahora contigo?. ¿ Cómo vamos a llevarte a casa?.
El mayor tuvo una gran idea, les comentó que él lo llevaría en su lomo.
- Dondón, cogele con mucho cuidado y ponmelo encima de mi lomo. Lo llevaré a casa así.
Dondón hizo lo que le había mandado su hermano, le puso encima de él y empezaron el camino de vuelta a casqa. Dino se quejaba y lloraba porque le dolían mucho las heridas.
Cuando llegaron a casa, sus padres vieron que el pequeño de sus hijos estába llorando. Vieron sus patitas llenas de pinchos y su mamá tranquilamente comenzó a quitárselas una a una. El lloraba, lloraba, lloraba y lloraba, porque le hacía mucho daño.
Cuando su madre terminó de quitarle todas las espinas, él intentó ponerse de pié. Pero no había forma, pues tenía doloridas sus patas.
Él les comentó a sus hermanos que nunca más jugaría a ese juego tan divertido como era el escondite. Ya que el pobre había tenido mala suerte o como se suele decir había tenido mala pata al haberse caido entre los matorrales llenos de pinchos.

viernes, 31 de agosto de 2018

PANO, EL GUSANO VALIENTE

Erase una vez un pequeño  gusano llamado Pano. Caminaba por el bosque arrastrandose y cuando oía algún grito de un animal pidiendo ayuda, ahí iba dispuesto a ayudarles.
Un día oyó los gritos de un enorme y tranquilo hipopótamo. Fué hasta donde estába y vió que un feroz tigre quería atacarlo. El al ver al tigre, se dijo para sí mismo:
- ¿ Cómo voy a sal var al pobre hipopótamo, si el tigre es más grande para mí?. Ya sé, me subiré al lomo del tigre y empezaré a hacerle cosquillas.
Así lo hizo se subió al lomo del gran  y feroz tigre y comenzó a hacerle cosquillas. El pobre felino no paraba de reirse , tanto se reía que llegó a cansarse y se empezó a rascar muy fuerte. Tan fuerte se rascó que tiró al suelo al pequeño gusano.
El señor hipopótamos le dió las gracias y se presentaron:
- ¡ Hola, señor hipopótamo!. Mi nombre es Pano y espero que usted no me pise. Ya que soy muy pequeño.
- ¡ Hola Pano!. Yo soy Hipo y te agradezco mucho que me hayas salvado de ese malvado tigre.
Después de que Hipo le agradeciese lo que había hecho por él, siguió su camino. Al igual que lo hizo Pano el gusano, se fué despidiendose del hipopótamo.
Seguía su camino lentamente, cuando de pronto volvió a escuchar unos gritos y unos llantos a la vez. Se dirigió hasta donde estába el animal y vió que era una pobre mariquita que se había alejado demasiado del lado de su madre. Se sentía sola y triste porque no encontraba a su mamá.
Pano le comentó:
- No te preocupes, encontraremos a tu madre. Vente conmigo, pequeña. Solo me tienes que decir por donde estábais ¿Vale?.
- No recuerdo bien, pero creo que era por ese camino. Quiero verla, necesito estar con ella.
- Tranquila, la encontraremos.
Siguieron el camino que la mariquita le había indicado. De repente, oía a alguien que estaba llamando a Rita. Ella supo que aquella voz era su mamá.
- Es mi mamá, vamos Pano. Me está llamando.
- Voy Rita, tranquila. Primero tenemos que saber de donde viene la voz.
A lo lejos vieron una sombra que no se apreciaba muy bién quien era. Cuando se fueron acercando poco a poco, vieron que efectivamente era Lupita la madre de Rita. Las dos contentas se fundieron en un gran abrazo y agradecieron a Pano todo lo que él había hecho.
El se fué contento y feliz, estaba orgulloso de sí mismo de lo que había hecho ese día.
Había ayudado a Hipo, el hipopótamo y a Rita su dulce mariquita.
Moraleja:
Si un compañero u otra persona necesita ayuda, hay que prestársela y no quedarnos parados, viendo lo que le está pasando

ANABEL, LA SERPIENTE QUE SE SENTÍA SOLA

Este es el cuento de una serpiente llamada Anabel. La pobre animal se sentía sola, ningún otro animal se acercaba a ella. Todos la tenían miedo, pues era muy peligrosa.
Un día salió a pasear por el bosque y no vió a nadie más que a un buho. El buho fué volando hasta donde estába ella y le preguntó:
- Señora Serpiente. ¿ Cómo va ustéd con esa cara tan triste?. Hoy la veo menos arreglada que otras veces
- ¡ Ay, Señor Buho!. Estoy así porque veo que nigún animal quiere hablar conmigo y me siento muy sola. Reconozco que me tienen miedo, creen que les voy a hacer daño y eso no es verdad. Yo soy una serpiente buena. Por cierto, me llamo Anabel
- Anabel, aquí me tienes a mí. Me gustaría ser tu amigo claro está si tu quieres.
Ella aceptó y los dos juntos siguieron su camino. Cuando la serpiente iba arrastrandose por el camino y el buho volando, se encontraron con un gran y feroz león. El león que los vió llegar rugió tan fuerte, que a la pobre serpiente la asustó.
- ¿ Qué hacéis aquí en mis tierras?
- Perdone usted, señor león. No sabíamos que eran sus tierras. Mi nombre es Anabel y ese que está en ese árbol es el señor buho.
- Perdone si te he asustado. ¿ Por qué esta así de triste?.
- Porque todos me temen y nadie quiere invitarme a su casa, ni ser mi amigo.
- Si quieres aquí me tienes como amigo y para defenderte de esos animales peligrosos.
La serpiente se arrastraba, el león caminaba y el buho volaba. Todos ellos siguieron su camino y de repente se encontraron con un enorme y lindo elefante.
- ¡ Hola, señora serpiente, señor león, señor buho!. ¿ Cómo ustedes por aquí?. ¿ Qué le pasa a usted señora serpiente?
- Pues no ve que estoy triste. Algunos animales no me aprecian y me ven fea y tienen miedo a que les envenene. Pero no es cierto, soy buena y lo que más me gusta de todo es ayudar.
- Le veo muy bién acompaña con su amigo el león y el buho. Pues en mí ya tienes otro amigo y si me dejáis  iré con vosotros.
Anabel estaba contentísima con los nuevos amigos que tenía. Iban a todos los lados juntos no se separaban de ella ni un solo segundo. Hacían fiestas de cumpleaños, dormían juntos, iban de compras, etc. 
Ella volvió a ponerse sus fabulosos vestidos de siempre, sus elegantes sombreros que siempre los llevaba con mucho estilo. Volvió a ser feliz todo gracias a sus nuevos amigos que consiguieron que volviese a ser como era antes.

domingo, 26 de agosto de 2018

JOSÉ Y VIOLETA TENÍAN MIEDO AL MONSTRUO DE COLOR AZUL

¡ Hola, niños y niñas!. Bienvenidos a escuchar mi cuento. Yo soy el Monstruo de Color Azul y os contaré lo que me pasó el otro día con unos niños llamados Violeta y José.
Había una vez dos niños llamados Violeta y José, vivían en una casa que estába en el campo con sus padres. Cuando se iban a la cama siempre dejaban la puerta de la habitación abierta. Decían que teníamos mucho miedo a los monstruos. Sus padres les comentaban que los monstruos no existían.
Pero una noche que los niños estában durmiendo, entré silenciosamente a la habitación y sin querer me tropezé con un juguete que había en el suelo. Los dos niños se despertaron tan asustados que tuve que decirles:
- NO os asustéis, ni gritéis. Mi nombre es el Monstruo de Color Azul y soy un monstruo muy bueno no me como a nadie.
- Seguro, ¿ Qué no nos vas a hacer nada?. Yo soy Violeta y este es mi hermano José. Nos dan mucho miedo los monstruos, pero tú pareces muy bueno. ¿ Qué haces por aquí?.
- Pues ví que teníais la puerta de la cocina abierta y entré por ahí. Sin pensarlo me dirijí aquí a vuestra habitación. Siento mucho si os he asustado. Quiero que me prometáis una cosa, por favor. Es importante que no le digáis a nadie que me habéis visto, ni a vuestros padres. ¿ Me lo prometéis?.
Los niños le respondieron que sí que no se lo dirían a nadie.
A la mañana siguiente cuando iban a bajar a desayunar. Vieron que el Monstruo de Color Azul había desaparecido. Su madre les llamó para que bajasen a desayunar porque se les iba a hacer tarde para ir al colegio.
Ellos le hicieron caso, bajaron, desayunaron rápidamente y se fueron al colegio. Cuando volvieron de allí, subieron a la habitación para ver si yo estaba. Pero allí no había nadie y se bajaron a cenar.
Cuando llegó la noche, volví a entrar en la habitación, muy despacio, para que no me oyesen. Pero José y Violeta me estában esperando.
- ¡ Hola, Monstruo de Color Azul!. ¿ Por qué sólo te podemos ver de noche y no de día?.
- Pues, porque de día estoy descansando y de noche me pongo a visitar las casas de algunos niños que me tienen un poco de miedo.
- A partír de mañana le diremos a nuestros padres que nos cierren la puerta. Porque ya no tenemos miedo a ningún monstruo.
Yo salí de la habitación y les dejé descansar.
A la mañana siguiente los dos crios les comentaron a sus padres que esa noche les dejasen la puerta cerrada. Ya no tenían miedo a los monstruos. Ellos accedieron y al llegar la noche hicieron lo que les habían comentado.
Yo, El Monstruo de Color Azul, les visité esa noche, la noche siguiente, la siguiente y la siguiente y así sucesivamente.
Moraleja:
No debéis tener nunca miedo de los monstruos porque ellos no existen. Si alguna vez creeis ver alguno pensad que es muy bueno como el Monstruo de Color Azul.

A JAIME NO LE GUSTABA LAS LENTEJAS

Erase una vez, un niño llamado Jaime que tenía cinco años. Vivía en un enorme chalet junto a sus padres y su hermana que tenía 2 años más que él.
Algunas veces su madre le ponía para comer lentejas, pero no era su comida preferida. Un día le comentó a su madre:
- Mamá, no me gustan las lentejas. Sabes que no es una de mis comidas favoritas.
- Jaime, siempre estás protestando por las comidas y no puede ser lo que tu quieras, ¿ Vale?. Te lo vas a comer, porque no hay otra cosa. Mañana tendrás tus macarrones con queso. Además acuerdate de los que no tienen nada que llevarse a la boca.
- Pues no me lo voy a comer y punto.
Su madre como estába ya harta de que todos los días protestase por la comida. Le quitó el plato y le dijo que lo tendría para la merienda.
Él se enfadó mucho con su madre. Pero cuando su madre no se dió cuenta, él fué a la cocina a coger un poco de chocolate y su hermana que estába por ahí le vió. Ella se fué hacia donde estába su madre y le dijo que su hermano estaba cogiendo chocolate. La madre volvió a la cocina para reñirle diciéndole que tenía para merendar las lentejas que no las había comido y que dejase de tomar el chocolate.
Se enfadó tanto que no quería ni merendarlas y su madre le comentó que si no las merendaba, las tendría para la cena y así sucesivamente.
Él lo pensó muy bién y le dijo a su madre que aunque no le gustasen mucho las merendaría. Cada vez que tomaba una cucharada de lentejas, sentía náuseas.
Pero él las comía y al final acabó el plato.
Su madre se puso muy contenta y le dijo:
- Ves, como despues de tanto protestar la comida lo has terminado todo. Tanto decir que no te gustában y mira que bien
- Sí mamá, pero sigo diciendo que no es uno de mis platos favoritos. Pero estában muy buenas.
Moraleja:
Que aunque nuestras madres nos pongan alimentos que no nos gusten mucho, hay que comerlos y no protestarlos. Ya que ellas nos lo han hecho con mucho cariño. También tenemos que pensar en la gente que no tiene nada que llevarse a la boca.