En una misteriosa y tétrica casa, vivían dos brujas. Sus nombres eran: La bruja Coruja y Úrsula.
En esa casa , siempre se estaban haciendo pócimas de distintos sabores y de distintas clases. Sus escobas las tenían bien guardadas, pues de vez en cuando solía ir una malvada bruja llamada brujilda.
Siempre que iba cogía la escoba de la brujita Úrsula y ésta se enfadaba mucho.
Un día, cuando hicieron la pócima, se oyó el saludo de un animalito muy pequeño. ¿ Sabéis que animal era?.
No era una pulga, tampoco era un saltamontes. Os daré una pista, es un animalito que suele hacer una tela para atrapar a su presa.
Muy bién, lo habéis acertado era una araña, pero que listos sois todos.
Pues esta araña, saludaba a las dos brujas. Ellas miraban hacia arriba y no veían nada.
- Que raro, yo no veo a nadie por aquí y tú Bruja Úrsula ¿ Ves a alguien?.
- Pues tampoco. Anda mira, no será este ratón de aquí. Lo echarémos a la pócima, que estará muy sabrosa.
La bruja Úrsula, sin más metió al pobre animal dentro. Pero la señora araña seguía salundándolas y molestándolas.
Las dos brujas se pensában que era una mosca que estaba revoloteando por encima de sus cabezas. Intentaron matarla, pero no había forma de pillarla. Al final, la bruja Úrsula agarró fuertemente su escoba y ¡ ZAS!, cazó la mosca. También la metió en la pócima.
- Con estos ingredientes nuestro brebaje estará muy rico. Que bien huele, ummmmm. Comentaban las brujas.
La araña que estaba haciendose su tela de araña, se reía mucho de ellas. Pues no había forma de que la viesen.
Hasta que de pronto, la bruja Úrsula miró hacia arriba y vió una enorme araña, que estaba en el techo tan tranquila.
La señora araña las decía:
- Ya era hora de que me viéseis. Anda que llevo un buen rato saludandoos y nada. Me da que además de estar un poquito sordas, estáis ciegas y necesitáis gafas.
- Pero bueno, de que vas. Nosotras estamos muy bien de todo. De vista, de oido y de cuerpo entero. Lo que pasa que como estabas allí arriba pues no se te veía bien. Además estábamos concentradas con nuestro brebaje.
Cuando estaban hablando la brujas con ella, comenzó a tronar muy fuerte y de pronto algo golpeó la puerta de la entrada de la casa.
La bruja Coruja, fué a ver lo que había pasado y allí no había nadie. Cerro y se volvió para terminar lo que estaban haciendo.
Pero otra vez se golpeó esa dichosa puerta.
Ahora la que fué a abrir fué la bruja Úrsula. Nada, que seguíamos en las mismas.
¿ Pero qué estába pasando?.¿ Quién sería el que golpeaba la puerta?.
Las dos brujas ya estában con miedo, incluida Tanea la araña. Era una noche tenebrosa y llovía y tronaba con tal fuerza que en la casa retumbaba todo.
Las ventanas no estaban bien cerradas, entraba todo el agua para dentro.
Volvió a golpearse la puerta y esta vez no golpeaba una vez, sino varias veces.
Esta vez fueron las dos brujas juntas para abrirlas y ¿ Sabéis quién era?.
Era un pequeño y encantador gatito que se había perdido, estaba asustado a causa de la tormenta y no encontrába ningún sitio para resguardarse. Por eso fué a parar a esa casa, pero vió que eran dos malvadas brujas y no se atrevía a entrar.
La bruja Úrsula lo cogió con mucho cariño, lo metió y le dió un poco de leche. Lo secaron para que no cogiese frío.Él estaba tan agusto, vió que también había una araña y estaba con un poco de miedo.
Ellas le comentaron que la araña no le iba ha hacer nada. Que ella era muy buena, que no iba a picarle. El gato se quedó más tranquilo cuando le dijeron eso.
Fué una noche muy ajetreada, de mucho miedo. Pero todo pasó y la tranquilidad volvió a la casa.
El gatito se quedó a vivir con ellas y todos juntos se pasaron muy bien.
Después de una noche de mucho pánico, todo acabó en un susto.
domingo, 6 de octubre de 2019
sábado, 5 de octubre de 2019
NINA Y NINO, LOS UNICORNIOS Y EL HADA DEL BOSQUE
Erase una vez, dos unicornios que vivían en el bosque junto a su madre y sus amigos. Sus nombres eran Nina y Nino, ellos eran hermanos. Se pasaban horas y horas jugando en el bosque. Su madre siempre les decía:
- No os alejéis mucho, pues hay animales muy peligrosos.
- Si, mamá. Tranquila no nos adentraremos en el bosque.
Pero ellos no la hicieron caso y comenzaron a caminar, a caminar y a caminar. Sin darse cuenta se metieron mucho en el bosque. Nina que era la más pequeña, le comentó a su hermano:
- Nino, creo que nos hemos alejado mucho y ahora, ¿ Cómo vamos a volver?.
- Pues regresando por el camino que hemos venido.
Pero claro, estában totalmente desorientados. Pues no sabían porque camino habían ido.
Llegó la noche, su madre estába ya muy preocupada porque veía que no regresaban.
Los dos hermanos estaban con mucho miedo. Oían toda clase de ruidos de animales. Pero no identificaban los animales que eran.
Nino, era un unicornio muy valiente y le comentó a su hermana:
- Tranquila Nina, que si aparece un animal peligroso y feroz, yo te defenderé.
Ella se quedó más tranquila cuando su hermano le dijo eso.
Pero de repente, escucharon el rugir de un león y a un buho.
La unicornio tenía mucho miedo y temblaba de frío. Su hermano le dijo que tenían que buscar una cueva o algún otro sitio para resguardarse del frio. Pero ella estaba tan cansada que no podía seguir.
Nano le comentaba:
- Vamos, Nina. Tenemos que seguir, no nos podemos parar. Pues podríamos morir de frío.
Al final, como vió que su hermana no podía seguir, se quedaron a dormir debajo de unos árboles.
El unicornio fué a buscar palos para hacer una hogera. Su madre se lo había enseñado muchas veces. Pero su hermana no se quería quedar sola , así que decidió irse con él y entre los dos cogieron muchas ramas para hacer fuego.
Nino, hizo el fuego tal como se lo había enseñado su madre.
Se echaron debajo de los árboles y en ésto oyeron los pasos y el rugir de un feroz y hambriento león. Después escucharon al buho y tanto miedo tenían que volvieron a ponerse de pié.
El león se fué acercando a ellos poco a poco. Los dos hermanos temblaban y sin querer, la unicornio pegó un grito. Ella pensaba que si pegaba el grito el león se iría. Pero no fué así, él siguió acercándose a ellos.
El Hada del Bosque que habí escuchado esos gritos tan desesperados se echo a volar y fué a parar a donde estaban los dos hermanos.
- Pero, ¿ Quién ha sido la que me ha despertado de mi maravilloso sueño con su espeluznante chillido?.
- Perdone usted, señora Hada. Es que mire usted este león. Nos quiere comer.
- Este león, no os hará nada. Es muy dócil, ¿ Verdad, señor león?.
El animal al ver al Hada del bosque dió marcha atrás y se fue.
Ella les preguntó:
- ¿ Como os llamáis y qué hacéis aquí?. ¿ No véis que corréis peligro?.
- Nos llamamos Nina y el es mi hermano Nino. Comenzamos a caminar y a caminar y nos hemos adentrado mucho en el bosque. Ahora no sabemos cuál era el camino de regreso.
- No os preocupéis, yo me conozco todo el bosque. Por eso me llaman el Hada de l Bosque. Yo ayudo a toda clase de animales y además tengo poderes mágicos. Os acompañaré, ya que vuestra madre estará muy preocupada.
El hada, les condujo al camino adecuado y siguieron todos juntos hasta que de pronto vieron unas luces. Su mamá había puesto unas luces en la entrada de la casa por a sus hijos les daba por volver.
Ella los estaba esperando con mucha ansiedad.
- Bueno, pequeños unicornios. Ahí tenéis ya vuestra casa. Id y darle una sorpresa a vuestra madre.
Ellos se despidieron con mucha tristeza de su amiga y se marcharon corriendo a besar a su mamá.
Por fín, volvieron a estar los tres juntos y todo gracias al hada del Bosque.
Su madre miró hacia arriba y le dió las gracias por a ver traido de vuelta, sanos y salvos a sus dos pequeños.
El hada del bosque esparció sobre la casa y sobre sus amigos unos polvos mágicos. La casa brillaba y los otros animales se acercaban para ver lo bonita que era.
Mientras los tres unicornios consiguieron volar. Todo gracias a su amiga el hada.
Estaban encantados porque desde allí arriba podían ver los distintos animales que habitaban en el bosque
- No os alejéis mucho, pues hay animales muy peligrosos.
- Si, mamá. Tranquila no nos adentraremos en el bosque.
Pero ellos no la hicieron caso y comenzaron a caminar, a caminar y a caminar. Sin darse cuenta se metieron mucho en el bosque. Nina que era la más pequeña, le comentó a su hermano:
- Nino, creo que nos hemos alejado mucho y ahora, ¿ Cómo vamos a volver?.
- Pues regresando por el camino que hemos venido.
Pero claro, estában totalmente desorientados. Pues no sabían porque camino habían ido.
Llegó la noche, su madre estába ya muy preocupada porque veía que no regresaban.
Los dos hermanos estaban con mucho miedo. Oían toda clase de ruidos de animales. Pero no identificaban los animales que eran.
Nino, era un unicornio muy valiente y le comentó a su hermana:
- Tranquila Nina, que si aparece un animal peligroso y feroz, yo te defenderé.
Ella se quedó más tranquila cuando su hermano le dijo eso.
Pero de repente, escucharon el rugir de un león y a un buho.
La unicornio tenía mucho miedo y temblaba de frío. Su hermano le dijo que tenían que buscar una cueva o algún otro sitio para resguardarse del frio. Pero ella estaba tan cansada que no podía seguir.
Nano le comentaba:
- Vamos, Nina. Tenemos que seguir, no nos podemos parar. Pues podríamos morir de frío.
Al final, como vió que su hermana no podía seguir, se quedaron a dormir debajo de unos árboles.
El unicornio fué a buscar palos para hacer una hogera. Su madre se lo había enseñado muchas veces. Pero su hermana no se quería quedar sola , así que decidió irse con él y entre los dos cogieron muchas ramas para hacer fuego.
Nino, hizo el fuego tal como se lo había enseñado su madre.
Se echaron debajo de los árboles y en ésto oyeron los pasos y el rugir de un feroz y hambriento león. Después escucharon al buho y tanto miedo tenían que volvieron a ponerse de pié.
El león se fué acercando a ellos poco a poco. Los dos hermanos temblaban y sin querer, la unicornio pegó un grito. Ella pensaba que si pegaba el grito el león se iría. Pero no fué así, él siguió acercándose a ellos.
El Hada del Bosque que habí escuchado esos gritos tan desesperados se echo a volar y fué a parar a donde estaban los dos hermanos.
- Pero, ¿ Quién ha sido la que me ha despertado de mi maravilloso sueño con su espeluznante chillido?.
- Perdone usted, señora Hada. Es que mire usted este león. Nos quiere comer.
- Este león, no os hará nada. Es muy dócil, ¿ Verdad, señor león?.
El animal al ver al Hada del bosque dió marcha atrás y se fue.
Ella les preguntó:
- ¿ Como os llamáis y qué hacéis aquí?. ¿ No véis que corréis peligro?.
- Nos llamamos Nina y el es mi hermano Nino. Comenzamos a caminar y a caminar y nos hemos adentrado mucho en el bosque. Ahora no sabemos cuál era el camino de regreso.
- No os preocupéis, yo me conozco todo el bosque. Por eso me llaman el Hada de l Bosque. Yo ayudo a toda clase de animales y además tengo poderes mágicos. Os acompañaré, ya que vuestra madre estará muy preocupada.
El hada, les condujo al camino adecuado y siguieron todos juntos hasta que de pronto vieron unas luces. Su mamá había puesto unas luces en la entrada de la casa por a sus hijos les daba por volver.
Ella los estaba esperando con mucha ansiedad.
- Bueno, pequeños unicornios. Ahí tenéis ya vuestra casa. Id y darle una sorpresa a vuestra madre.
Ellos se despidieron con mucha tristeza de su amiga y se marcharon corriendo a besar a su mamá.
Por fín, volvieron a estar los tres juntos y todo gracias al hada del Bosque.
Su madre miró hacia arriba y le dió las gracias por a ver traido de vuelta, sanos y salvos a sus dos pequeños.
El hada del bosque esparció sobre la casa y sobre sus amigos unos polvos mágicos. La casa brillaba y los otros animales se acercaban para ver lo bonita que era.
Mientras los tres unicornios consiguieron volar. Todo gracias a su amiga el hada.
Estaban encantados porque desde allí arriba podían ver los distintos animales que habitaban en el bosque
ELDA, LA ELFA DE PAPÁ NOÉL
Había una vez, una elfa llamada Elda. Era una de las ayudantes más eficaces y más mágica que tenía Papá Noél.
Trabajaba día y noche, no paraba. Además de ésto se divertía con sus compañeros y les hacía siempre mágia.
Un día nuestro hombre de rojo la llamó para que fuese a su despacho. Ella iba con miedo pues pensaba que la iban a despedir y si la enviaban para casa, no podría hacer disfrutar a sus compañeros.
Cuando llegó a la puerta, no se atrevía a llamar. Pero de repente, la puerta se abrió, allí estaba nuestro Papá Noél sentado y ella se acercó muy nerviosa y le tamblaba todo el cuerpo, se acercó hasta donde estába él. Se sentó y comenzó a escucharle lo que le iba a decir:
- Bueno, bueno, Elda. Estoy muy contento de lo bién que estas trabajando. Por eso he decidido que te vengas conmigo a repartir los regalos para los niños.
- ¿ Iremos en el Trineo con los renos?.
- Claro, tu prepararás el trineo y meterás en el saco todos los regalos.
Ella se dió prisa en todo. Metió los regalos de los niños en el enorme saco rojo. También preparó el trineo con sus cuatro renos.
Estaba encantada porque esa noche iba a montarse con Papá Noél e iba a ir casa por casa para dejarles los regalos a los niños. Llevaba tambien el libro con los nombres y direcciones de todos los niños.
Por fín llegó la noche y Elda le dijo a Papá Noél:
- Ya está todo preparado, nos podemos ir ya.
- Voy a abrigarme bien para no coger frio y ahora nos vamos.
Esta era una noche mágica tanto para los niños como para Elda. Se subieron al trineo y comenzaron a ascender. Elda estaba muy emocionada y miraba las estrellas, no se lo podía creer.
Sacó el libro donde estaban escrito todos los nombres de los niños unos con una señal de buen comportamiento y otros.....
Iban a toda velocidad, pues tenían que dejar esa misma noche todos los regalos en las casas de los niños.
Al llegar a la casa de uno de ellos, nuestro querido Papá Noél entró por la chimenea y llevaba en el saco el juguete que había pedido. La Elfa se quedó en el trineo, bien tapada con la manta esperandole.
Cuando él regresó de dejar los obsequios se sentó otra vez en el trineo e intentó elevarlo, pero nada que los renos no querían subir.
Él estaba enfadado:
- ¿ Qué os pasa ahora, panda de vagos?. ¿ Por qué no queréis subir?. Vamos arriba. Elda, ¿ Les díste antes de salir la comida?
- Claro, que les dí, no creo que sea por eso. Utilizaré mi magia.
Pero ni con la magia de ella los hacía subir.
De pronto, pasó por allí una bruja con su escoba. Ella también tenía poderes mágicos. Los saludó:
- ¡Hola!. ¿ Qué os pasa a vosotros dos?.
- Que no nos sube el trineo y los renos no quieren tirar. Además tenemos que seguir entregando los regalos. Pues hay niños que los esperan con muchas ganas y si llegamos tarde se despertarán y verán que no hay nada.
- No os preocupéis, yo os ayudaré.
La bruja guardaba en su bolso una botella con su pócima mágica, siempre la llevaba con ella por si la tenía que utilizar. Se lo comenzó a dar a cada uno de los renos.
Papá Noél, no se fiaba mucho de ella. Pero al final, los animalitos comenzaron a subir y la elfa junto al hombre de rojo, le dieron las gracias.
Por fín, pudieron entregar todos los regalos a tiempo. Después volvieron al Polo norte otra vez, a su hogar. Para seguir preparando más juguetes para el año que viene
Trabajaba día y noche, no paraba. Además de ésto se divertía con sus compañeros y les hacía siempre mágia.
Un día nuestro hombre de rojo la llamó para que fuese a su despacho. Ella iba con miedo pues pensaba que la iban a despedir y si la enviaban para casa, no podría hacer disfrutar a sus compañeros.
Cuando llegó a la puerta, no se atrevía a llamar. Pero de repente, la puerta se abrió, allí estaba nuestro Papá Noél sentado y ella se acercó muy nerviosa y le tamblaba todo el cuerpo, se acercó hasta donde estába él. Se sentó y comenzó a escucharle lo que le iba a decir:
- Bueno, bueno, Elda. Estoy muy contento de lo bién que estas trabajando. Por eso he decidido que te vengas conmigo a repartir los regalos para los niños.
- ¿ Iremos en el Trineo con los renos?.
- Claro, tu prepararás el trineo y meterás en el saco todos los regalos.
Ella se dió prisa en todo. Metió los regalos de los niños en el enorme saco rojo. También preparó el trineo con sus cuatro renos.
Estaba encantada porque esa noche iba a montarse con Papá Noél e iba a ir casa por casa para dejarles los regalos a los niños. Llevaba tambien el libro con los nombres y direcciones de todos los niños.
Por fín llegó la noche y Elda le dijo a Papá Noél:
- Ya está todo preparado, nos podemos ir ya.
- Voy a abrigarme bien para no coger frio y ahora nos vamos.
Esta era una noche mágica tanto para los niños como para Elda. Se subieron al trineo y comenzaron a ascender. Elda estaba muy emocionada y miraba las estrellas, no se lo podía creer.
Sacó el libro donde estaban escrito todos los nombres de los niños unos con una señal de buen comportamiento y otros.....
Iban a toda velocidad, pues tenían que dejar esa misma noche todos los regalos en las casas de los niños.
Al llegar a la casa de uno de ellos, nuestro querido Papá Noél entró por la chimenea y llevaba en el saco el juguete que había pedido. La Elfa se quedó en el trineo, bien tapada con la manta esperandole.
Cuando él regresó de dejar los obsequios se sentó otra vez en el trineo e intentó elevarlo, pero nada que los renos no querían subir.
Él estaba enfadado:
- ¿ Qué os pasa ahora, panda de vagos?. ¿ Por qué no queréis subir?. Vamos arriba. Elda, ¿ Les díste antes de salir la comida?
- Claro, que les dí, no creo que sea por eso. Utilizaré mi magia.
Pero ni con la magia de ella los hacía subir.
De pronto, pasó por allí una bruja con su escoba. Ella también tenía poderes mágicos. Los saludó:
- ¡Hola!. ¿ Qué os pasa a vosotros dos?.
- Que no nos sube el trineo y los renos no quieren tirar. Además tenemos que seguir entregando los regalos. Pues hay niños que los esperan con muchas ganas y si llegamos tarde se despertarán y verán que no hay nada.
- No os preocupéis, yo os ayudaré.
La bruja guardaba en su bolso una botella con su pócima mágica, siempre la llevaba con ella por si la tenía que utilizar. Se lo comenzó a dar a cada uno de los renos.
Papá Noél, no se fiaba mucho de ella. Pero al final, los animalitos comenzaron a subir y la elfa junto al hombre de rojo, le dieron las gracias.
Por fín, pudieron entregar todos los regalos a tiempo. Después volvieron al Polo norte otra vez, a su hogar. Para seguir preparando más juguetes para el año que viene
jueves, 12 de septiembre de 2019
NEVADÍN, EL MUÑECO DE NIEVE QUE TENÍA MUCHO FRÍO
Había llegado el Invierno, todos los niños iban al colegio bien abrigados. Con sus gorros, sus bufandas, sus guantes y sus plumas. También llevaban sus botas de agua, porque estaba nevando.
Ellos iban hacía el colegio caminando, siempre pasaban por un enorme parque, donde había columpios, un estanque con sus cisnes y patos. Ese estanque estába helado y los patos tenían mucho frío. De pronto vieron a un enorme Muñeco de Nieve y se preguntaron:
- ¿ Quién habrá hecho este muñeco de nieve?.
- Mirad, este muñeco está muy triste.
Nevadín, les oyó hablar y les saludó a los niños:
-¡ Hola, niños!. Mi nombre es Nevadín y estoy triste porque tengo mucho frío. Necesito un gorro, una bufanda y unos guantes. Además no tengo naríz y me encantaría tener una para poder oler.
Los crios se asustaron del Muñeco de Nieve, ellos pensaban que no hablaba y se quedaron atónitos mirándole. Uno de ellos le dijo:
- ¡ Hola!. Yo te prestaré mi bufanda, tengo otra en mi casa.
- Yo mis guantes. Le decía el otro niño.
- Yo te dejaré mi gorro. Así no tendrás frío en tus orejitas. Decía el siguiente niño
El último niño, le comentó:
- Yo te traeré una naríz para que puedas oler las flores cuando salgan en primavera.
El Muñeco de Nieve, les dijo:
- Gracias por vuestra bondad, por dejarme vuestros guantes, gorro, bufanda y esa naríz que tanto necesito.
El niño se fué corriendo hacia su casa para coger una zanahoria, que le serviría de naríz a Nevadín.
Volvió deprisa con ella en la mano, al llegar a donde estába el Muñeco de Nieve. Intentó ponersela, pero el crío era demasiado pequeño. Entonces los demás niños le comentaron:
- ¿ Por qué no hacémos una torre?. Tú te subirás el último y se lo pones.
Uno, se puso de rodillas encima del otro y así sucesivamente hasta que llegaron a ponerle la naríz a Nevadín. El muñeco de nieve, miró a los niños y con los guantes que le habían puesto, comenzó a tocarse la cara y la cabeza. Notó su naríz, que era demasiado grande y decía:
- Que bién con esta nariz, así podré respirar muy bién. Muchas gracias, por todo. Ahora si que podré pasar un invierno calentito, con mi nueva bufanda, con mi gorro, mis guantes y esta nueva naríz. Aaaaaaaaaatchiiiiiiiiiiissssssssss, aaaaaaatchiiiiiisssss, vaya, no tendréis algún pañuelo de papel para sonarme la naríz.
Los niños se reían de sus estornudos y uno de ellos como tenía un paquete de pañuelos, sacó uno y se lo pensaba dar a Nevadín, pero con sus nuevas manos no podía. Otra vez se tuvieron que subir un crio encima del otro hasta que llegaron a su naríz y le empezaron a sonar. Él hacía mucho ruido, como si fuera el balar de una oveja: Beeee, Beeee, Beeee. Así hacía cuando se sonaba los mocos, algunos de los pequeños se reían bastante del ruido tan gracioso que hacía. Uno de ellos le comentába a los otros:
- Que gracioso es nuestro buén amigo Nevadín. ¿ Verdad, chicos?.
Los demás afirmaron con un sí. El más pequeño de todos los chavales les preguntó:
- ¿ Por qué no nos agarramos todos de la mano y hacemos un círculo alrededor de él. Le podemos cantar la canción del invierno. Esa que cantamos en clase. ¿ Sabéis cual os digo?. Le contestaron que esa cancíon era muy divertida.
Entonces todos se cogieron de la mano, hicieron un corro muy grande con el Muñeco de Nieve en medio y empezaron a cantar la Canción.
Venga todos juntos, 1, 2 y 3:
Invierno, invierno, porqué nos gustará,
Por la nieve blanca o por la Navidad,
El frío de invierno, ya tiene solución,
El gorro, los guantes y la calefacción.
Nevadín se puso tan felíz con esa canción que todos volvieron a cantarla nuevamente.
Los niños iban todos los días a visitarlo y le cantaban siempre la canción favorita de él. Cada vez que veía venir a los crios, se ponía tan contento que siempre les pedía un abrazo. Ellos se lo daban encantados.
- Que bién con esta nariz, así podré respirar muy bién. Muchas gracias, por todo. Ahora si que podré pasar un invierno calentito, con mi nueva bufanda, con mi gorro, mis guantes y esta nueva naríz. Aaaaaaaaaatchiiiiiiiiiiissssssssss, aaaaaaatchiiiiiisssss, vaya, no tendréis algún pañuelo de papel para sonarme la naríz.
Los niños se reían de sus estornudos y uno de ellos como tenía un paquete de pañuelos, sacó uno y se lo pensaba dar a Nevadín, pero con sus nuevas manos no podía. Otra vez se tuvieron que subir un crio encima del otro hasta que llegaron a su naríz y le empezaron a sonar. Él hacía mucho ruido, como si fuera el balar de una oveja: Beeee, Beeee, Beeee. Así hacía cuando se sonaba los mocos, algunos de los pequeños se reían bastante del ruido tan gracioso que hacía. Uno de ellos le comentába a los otros:
- Que gracioso es nuestro buén amigo Nevadín. ¿ Verdad, chicos?.
Los demás afirmaron con un sí. El más pequeño de todos los chavales les preguntó:
- ¿ Por qué no nos agarramos todos de la mano y hacemos un círculo alrededor de él. Le podemos cantar la canción del invierno. Esa que cantamos en clase. ¿ Sabéis cual os digo?. Le contestaron que esa cancíon era muy divertida.
Entonces todos se cogieron de la mano, hicieron un corro muy grande con el Muñeco de Nieve en medio y empezaron a cantar la Canción.
Venga todos juntos, 1, 2 y 3:
Invierno, invierno, porqué nos gustará,
Por la nieve blanca o por la Navidad,
El frío de invierno, ya tiene solución,
El gorro, los guantes y la calefacción.
Nevadín se puso tan felíz con esa canción que todos volvieron a cantarla nuevamente.
Los niños iban todos los días a visitarlo y le cantaban siempre la canción favorita de él. Cada vez que veía venir a los crios, se ponía tan contento que siempre les pedía un abrazo. Ellos se lo daban encantados.
miércoles, 11 de septiembre de 2019
CATALINA LA CABRITILLA RECIÉN NACIDA Y MARISA LA ARAÑA SIMPÁTICA
Erase una vez, en una inmensa granja llena de diferentes tipos de animales. Vivían unas cabras, una de ellas estába a punto de dar a luz. Allí también vivía Marisa, la pequeña araña simpática.
Todas las mañanas se levantaba pronto y comenzaba a saludar a todos los animales que estaban a su alrededor.
Ese mismo día nació la cabritilla. Todos fueron a admirar su belleza.
Le pusieron de nombre Catalina. Comenzó a tropezarse y caerse, era normal. Acababa de nacer y todavía no se mantenía en pié. Todos los animales se reían de el:
- ¿ Qué le pasa a tu pequeña?. ¿No se pone de pié porque esta cojo?. Jajaja.
- A mi Catalina, no le pasa nada. Acaba de nacer. Ya se pondrá de pié cuando quiera y crea conveniente.
Marisa que estaba escuchando las conversaciones entre la madre y los demás animales. Miró a la pequeña cabritilla y la comentó:
- Tú no te preocupes, que tarde o temprano podrás caminar como tu mamá y los otros cabritillos.
Además yo sere tu amiga y te ayudaré en todo.
Ella se intentaba poner de pié pero no lo conseguía. Tanto su madre como ella se pusieron un poco tristes. La madre ya no sabía como ayudarla.
Pero ella no se rendía, volvía a intentar levantarse. Pero no habia forma seguía cayendose. Al final sacó fuerzas de donde pudo y su amiga la araña que la miraba le animaba:
- Venga que tu puedes. No desistas arriba vamos campeona.
-Mirad esa araña lo que la dice. Si por mas que le diga no se va a poner en pié.
Tanto lo intentó que al final de todo lo consiguió. Su madre y Marisa se alegraron de que por fín se levan miró a todos los animales de la granja, sobre todo a su madre.
De pronto escuchó la voz de su amiga la araña:
- ¡ Hola!. ¿ Cómo estás?. Mi nombre es Marisa.
- ¿ Dónde estás?. No te veo.
- Estoy encima de ti. ¿ No me ves?.
- Pues debes ser un animal muy pequeño porque sigo sin verte.
- Espera que bajo y me poso en tu nariz.¿ Me ves ahora?.
- Por fín, ya te veo. ¿ Pero que animal más raro?. ¿ Quién eres?.
- Soy tu amiga la araña. He estado ahí dia y noche vigilando a ver si nacias. Acompañando a tu mamá en estos momentos tan bonitos.
-Que bien, no sabía que en mi nacimiento ibas a estar tú. Gracias Marisa, amiga.
- Bienvenida al mundo, pequeña Rosa.
La cabritilla estaba todavia un poco dormida. Seguía sin apoyar bien sus patitas. Se caía, se incorporaba y volvía a caer al suelo.
Pero ella tenía mucha fuerza de Voluntad. No se rendía nunca. Lo intentaba una y otra vez.
Al fin lo consiguió, su madre y su gran amiga se alegraron mucho de ver por fín en pié a la Cabritilla.
Catalina, se reía e iba hasta donde estába su mamá, necesitába mucho mimo y mucho cariño.
Su mamá le dió mucho calor y ella empezó a tomar la leche, estába tan feliz. Que las otras cabritillas le tenían mucha envidia.
Todas las mañanas se levantaba pronto y comenzaba a saludar a todos los animales que estaban a su alrededor.
Ese mismo día nació la cabritilla. Todos fueron a admirar su belleza.
Le pusieron de nombre Catalina. Comenzó a tropezarse y caerse, era normal. Acababa de nacer y todavía no se mantenía en pié. Todos los animales se reían de el:
- ¿ Qué le pasa a tu pequeña?. ¿No se pone de pié porque esta cojo?. Jajaja.
- A mi Catalina, no le pasa nada. Acaba de nacer. Ya se pondrá de pié cuando quiera y crea conveniente.
Marisa que estaba escuchando las conversaciones entre la madre y los demás animales. Miró a la pequeña cabritilla y la comentó:
- Tú no te preocupes, que tarde o temprano podrás caminar como tu mamá y los otros cabritillos.
Además yo sere tu amiga y te ayudaré en todo.
Ella se intentaba poner de pié pero no lo conseguía. Tanto su madre como ella se pusieron un poco tristes. La madre ya no sabía como ayudarla.
Pero ella no se rendía, volvía a intentar levantarse. Pero no habia forma seguía cayendose. Al final sacó fuerzas de donde pudo y su amiga la araña que la miraba le animaba:
- Venga que tu puedes. No desistas arriba vamos campeona.
-Mirad esa araña lo que la dice. Si por mas que le diga no se va a poner en pié.
Tanto lo intentó que al final de todo lo consiguió. Su madre y Marisa se alegraron de que por fín se levan miró a todos los animales de la granja, sobre todo a su madre.
De pronto escuchó la voz de su amiga la araña:
- ¡ Hola!. ¿ Cómo estás?. Mi nombre es Marisa.
- ¿ Dónde estás?. No te veo.
- Estoy encima de ti. ¿ No me ves?.
- Pues debes ser un animal muy pequeño porque sigo sin verte.
- Espera que bajo y me poso en tu nariz.¿ Me ves ahora?.
- Por fín, ya te veo. ¿ Pero que animal más raro?. ¿ Quién eres?.
- Soy tu amiga la araña. He estado ahí dia y noche vigilando a ver si nacias. Acompañando a tu mamá en estos momentos tan bonitos.
-Que bien, no sabía que en mi nacimiento ibas a estar tú. Gracias Marisa, amiga.
- Bienvenida al mundo, pequeña Rosa.
La cabritilla estaba todavia un poco dormida. Seguía sin apoyar bien sus patitas. Se caía, se incorporaba y volvía a caer al suelo.
Pero ella tenía mucha fuerza de Voluntad. No se rendía nunca. Lo intentaba una y otra vez.
Al fin lo consiguió, su madre y su gran amiga se alegraron mucho de ver por fín en pié a la Cabritilla.
Catalina, se reía e iba hasta donde estába su mamá, necesitába mucho mimo y mucho cariño.
Su mamá le dió mucho calor y ella empezó a tomar la leche, estába tan feliz. Que las otras cabritillas le tenían mucha envidia.
sábado, 3 de agosto de 2019
ROSA, LA MARIPOSA DE COLORES QUE NO PODÍA VOLAR
Había una vez una pequeña mariposa, que sus alas estában repletas de colores. Su nombre era Rosa. Como era tan pequeña no sabía volar, pero comenzó a crecer, a crecer y a crecer. Ella abrió sus alas e intentó alzar el vuelo.
Rosa se miraba a sí misma y se decía:
- ¿ Qué me está pasando?. ¿ Por qué no puedo volar como las demás mariposas?.
Iba de flor en flor,pero sin volar. Las otras mariposas se la quedaban mirando y se reían de ella diciéndola:
- Mirarla, Rosa no sabe volar. ¿ Qué pasa que no tienes alas?. Ja, ja, ja.
La pobre, miraba hacia abajo y se iba toda triste, sin saber lo que le pasaba en sus bellas alas.
Ese mismo día se encontró con la abeja Candela y como la vió así se acercó a ella y le preguntó:
- ¿ Qué te pasa hermosa mariposa?. ¿ Por qué estás así de triste?.
- Porque no sé que le pasa a mis alas que intento volar pero no puedo y encima las otras mariposas se ríen de mí. No tengo amigos por eso.
- No te preocupes, en mí tendrás una amiga. Si quieres podemos ir juntas por el bosque.
Cuando iban de flor en flor, se encontraron con Mary la Mariquita que les miró y les comentó:
- ¿ A dónde váis vosostros dos?. ¿ Tú por qué no puedes volar?.
- ¡Hola, Mariquita!. Mis alas no estan bien, por eso no puedo volar. Intento hacerlo y no puedo. No sé que las pasa.
- ¿ Puedo ir con vosotras?. conozco al hada del bosque que a lo mejor puede ayudarte.
Se dirijieron hacia la enorme casa del hada. Cuando por fín, despues de estár un rato buscándola, llegaron y llamaron a la puerta.
- ¿ Quién llama fuertemente a mi casa?. ¿ Quién viene a molestarme a estas horas de la mañana?.
- Hada del Bosque, soy Mary la Mariquita. Vengo con Rosa una Mariposa que no puede volar y con Candela, la abeja.
- Pasar, perdona que no te haya reconocido. Ven aquí, preciosa, a ver que veamos tus alas. No te preocupes, ahora echaré unos polvos mágicos sobre ella y ya verás como luego podrás volar.
Ella no se lo creía mucho, pero la hizo caso.
El Hada del Bosque le roció las alas con los polvos mágicos y una vez que terminó de echárselos, Rosa comenzó a abrir sus hermosas alas y las empezó a mover de abajo arriba.
Por fín, consiguió volar y se fué sobre el cielo azul. Las otras Mariposas que se habían reido de ella comentaban entre ellas:
- ¿ Cómo ha conseguido volar?. Antes no lo hacía ¿ Verdad?.
Ella presumía de la hermosura de sus alas y las daba envidia a las otras. Por fín, Rosa podía volar y todo gracias al Hada del Bosque y a sus amigas Candela la abeja, Mary la Mariquita.
Estaba tan feliz que volaba a todas horas y no paraba por nada del mundo. Quería ver todo lo que pasaba en el bosque, todo lo que no había visto antes.
MORALEJA:
Hay niños con distintas discapacidades que no pueden alzar el vuelo como la Mariposa. Por eso necesitan la ayuda de distintas hadas del bosque. Si véis a algún niño o niña con alguna discapacidad, ayudadle, porque os lo agradecerán mucho.
Rosa se miraba a sí misma y se decía:
- ¿ Qué me está pasando?. ¿ Por qué no puedo volar como las demás mariposas?.
Iba de flor en flor,pero sin volar. Las otras mariposas se la quedaban mirando y se reían de ella diciéndola:
- Mirarla, Rosa no sabe volar. ¿ Qué pasa que no tienes alas?. Ja, ja, ja.
La pobre, miraba hacia abajo y se iba toda triste, sin saber lo que le pasaba en sus bellas alas.
Ese mismo día se encontró con la abeja Candela y como la vió así se acercó a ella y le preguntó:
- ¿ Qué te pasa hermosa mariposa?. ¿ Por qué estás así de triste?.
- Porque no sé que le pasa a mis alas que intento volar pero no puedo y encima las otras mariposas se ríen de mí. No tengo amigos por eso.
- No te preocupes, en mí tendrás una amiga. Si quieres podemos ir juntas por el bosque.
Cuando iban de flor en flor, se encontraron con Mary la Mariquita que les miró y les comentó:
- ¿ A dónde váis vosostros dos?. ¿ Tú por qué no puedes volar?.
- ¡Hola, Mariquita!. Mis alas no estan bien, por eso no puedo volar. Intento hacerlo y no puedo. No sé que las pasa.
- ¿ Puedo ir con vosotras?. conozco al hada del bosque que a lo mejor puede ayudarte.
Se dirijieron hacia la enorme casa del hada. Cuando por fín, despues de estár un rato buscándola, llegaron y llamaron a la puerta.
- ¿ Quién llama fuertemente a mi casa?. ¿ Quién viene a molestarme a estas horas de la mañana?.
- Hada del Bosque, soy Mary la Mariquita. Vengo con Rosa una Mariposa que no puede volar y con Candela, la abeja.
- Pasar, perdona que no te haya reconocido. Ven aquí, preciosa, a ver que veamos tus alas. No te preocupes, ahora echaré unos polvos mágicos sobre ella y ya verás como luego podrás volar.
Ella no se lo creía mucho, pero la hizo caso.
El Hada del Bosque le roció las alas con los polvos mágicos y una vez que terminó de echárselos, Rosa comenzó a abrir sus hermosas alas y las empezó a mover de abajo arriba.
Por fín, consiguió volar y se fué sobre el cielo azul. Las otras Mariposas que se habían reido de ella comentaban entre ellas:
- ¿ Cómo ha conseguido volar?. Antes no lo hacía ¿ Verdad?.
Ella presumía de la hermosura de sus alas y las daba envidia a las otras. Por fín, Rosa podía volar y todo gracias al Hada del Bosque y a sus amigas Candela la abeja, Mary la Mariquita.
Estaba tan feliz que volaba a todas horas y no paraba por nada del mundo. Quería ver todo lo que pasaba en el bosque, todo lo que no había visto antes.
MORALEJA:
Hay niños con distintas discapacidades que no pueden alzar el vuelo como la Mariposa. Por eso necesitan la ayuda de distintas hadas del bosque. Si véis a algún niño o niña con alguna discapacidad, ayudadle, porque os lo agradecerán mucho.
viernes, 28 de junio de 2019
OTOÑO, LA NIÑA MÁS TRISTE DEl BOSQUE Y SU AMIGO EL ÁRBOL QUE NO TENÍA HOJAS
Había una vez, una pequeña niña llamada Otoño. Ella vivía en una granja con sus padres y su pequeño hermano. En la granja tenía gallinas, pollitos, perros, gatos, vacas, ovejas, caballos, burros, etc. Se sentía un poco sola porque no iba al colegio y por eso no tenía amigos al igual que su hermano. Además cuando llegaba el Otoño, se sentía muy triste, ¿ Sabéis por qué?. Muy bién porque en esta estación a los árboles se les caé las hojas, comienza ha hacer frío, nos tenemos que poner ropa de abrigo, etc.
Pues Otoño, la niña, nunca sonreía siempre estába seria y hablaba poco con sus padres icluyendo a su hermano.
Un día les comentó a sus padres:
- Voy a ir con Boby, mi perro al bosque. Así saldré un poco de aquí.
- Esta bien, pero si quieres puedes llevar a tu hermano Alex contigo. El no te molestará
mucho. Eso sí agarralo de la mano, y sabes que le gusta mucho correr.
- Es que pensaba ir yo sola, si voy con él no avanzaré mucho. Pero si no queda más remedio
lo llevaré.
Otoño y Alex se abrigaron bién para salir a dar una vuelta por el bosque. Alex iba todo contento y le dijo a sus padres que obedecería en todo a su hermana.
Así lo hizo, le dió la mano y no se la soltó por nada del mundo. Iba también Boby su perro fiel, que corría tanto que ellos tenían que seguirlo. Cuando llegaron al bosque vieron que los árboles estában tristes sin sus hojas, las hojas estában en el suelo. Su hermano empezó a pisar las hojas y ha hacer ruido con ellas, luego cogió algunas de la mano y se las daba a ella.
De repente el niño se paró enfrente de un árbol y éste le comenzó ha hablar. Él se extraño mucho de que de repente un árbol pudiese hablar.
-Hola, ¿ Cómo te llamas?.
- Hola, mi nombre es Alex y ella es mi hermana Otoño. Mira este árbol me esta hablando.
La niña se quedó mirandole a su hermano como diciéndole: " Los árboles no hablan".
Pero era verdad, ella se dirijió hasta él y le preguntó:
- Hola, soy Otoño ¿ Por qué estás así de triste?. Todos tus amigos también están así.
- Pequeña, estamos así porque se nos han caido las hojas y tenemos mucho frío. Si alguien nos
ayudase a volver a ponernos las hojas estaríamos muy agradecidos.
- Entre mi hermano y yo os las pondremos.
- Somos muchos y vosotros sois sólo dos, no podréis. Necesitaríais más manos.
De pronto, a lo lejos oyeron las risas de unos niños que venían a pasar el día. Eran de un colegio y venían cantando. Cuando llegaron hasta donde estában los dos hermanos, ellos les dijeron:
- Hola, ¿ Nos podréis ayudar a abrigar a estos árboles?.
- ¿ Qué dices?. ¿ Con qué vamos abrigarles?.
- Ellos están tristes porque no tienen hojas. Vamos a ponerselas otra vez. ¿ Nos ayudais?. Es
que entre mi hermano y yo no podemos.
- Esta bien, venga chicos vamos a abrigar a estos árboles para que no pasen frio.
Así lo hicieron, comenzaron a ponerles otra vez las hojas y ellos se ponían muy contentos. Una vez que estában ya todos los árboles con las hojas puestas, miraron a los niños y se lo agradecieron, pero especialmente a Alex y a Otoño que eran los dos que más empeño habían puesto para que los árboles no pasasen frío.
El enorme árbol que habló a los crios, les decía que en él siempre tendrían un amigo y que fuesen cuando quisiesen a verle. Los niños del colegio junto a los dos hermanos, formaron un corro, con el árbol en medio y todos juntos cantaron la Canción del Otoño:
El Otoño ya llegó,
Con su gorro y su bufanda,
Y Va diciendo a las hojas,
Que del árbol ya caigan
Y las hojas, bailan, que te bailan( bis)
Y el suelo besarás.
Al finalizar la cánción todos los crios se fueron cada uno a su lugar y los árboles se despidieron cantando la misma canción que habían cantado los pequeños. Por fín, estaban otra vez contentos.
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